Son las 9 horas con 21 minutos, siempre reviso el reloj para no acordarme de mi estancia en este lugar. Llevo más de 4 años trabajando como prostituta en el mismo camellón de la calle de Sullivan aquí en la san Rafael. Tal vez le debo el gran nombre de mi trabajo al haberme salido de mi casa cuando aún podía, de lo contrario, hubiese tenido que soportar a mi padrastro y a mi madre, de la cual tantas veces le reproche su baja autoestima. Me salí de mi casa debido a mi promiscuidad por parte de mi único amor, o creyendo que lo fue, Luis, del cual hoy solo tengo recuerdos borrosos, sin tomar en cuenta que la primera vez que hice el amor, lo hice por la misma razón, y me embaracé sin siquiera imaginar la situación que daría después de eso. Roberto nunca hubiese aceptado el que siguiera en la casa con un hijo producto de una falsa idea.
Aunque Roberto no es mi padre, me hubiese matado por dejar intacto el machismo que habitaba en mi casa. El se casó con mi madre cuando yo tenía solo 9 años, después de que mi padre hizo lo mismo que Luís. Mi madre Eugenia tuvo que buscar con quien juntarse debido a que ella era una triste empleada de un hotel trabajando como mucama, y deseaba encontrar a un hombre que le echara la mano para mi manutención. Por suerte, yo era hija única, lo cual facilitó hasta cierto punto la situación de mi madre. Ella conoció a Roberto cuando él acababa de llegar de Veracruz para probar suerte en la ciudad; mientras él se hospedo en el hotel, ella fue a cambiar las sabanas y encontró a Roberto desnudo justo en la entrada del cuarto, (lo sé porque a ellos nunca se les dio el ser prudentes al hablar de sus riñas enfrente de mí), así que una vez consumado el acto, él se sintió seguro con ella, y ella le dio la oportunidad de vivir con nosotras a pesar de que no consiguió trabajo en más de un año. Yo llegue a cursar hasta segundo de secundaria, y realmente era muy buena estudiante, ya que algo que siempre me ha caracterizado ha sido el leer. Creo que siempre he tenido esa facultad, mi madre nunca me inculco la lectura, pues su ocupada agenda dentro del hotel le hacía faltar en la casa por más de 18 horas al día, ya que la mayor parte de las veces doblaba turnos para poder mantenernos de la mejor manera posible.
Recuerdo que mi primer libro que llegue a leer fue “Estudio en escarlata”, de Arthur Conan Doyle, el cual me lo había dado una amiga de mi mama, que era vecina nuestra y generalmente se la pasaba todo el tiempo en su casa dándoles de comer a sus 7 gatos. Cada uno de ellos tenía su propia personalidad, y cada vez que Doña Luisa leía cuentos para mi, todos los gatos se acurrucaban alrededor de ella como si también quisieran escuchar los cuentos que ella leía. Ella me leía diario cada vez que pasaba a recogerme afuera del colegio y nos la pasábamos devorando libros, en sus buenos tiempos ella se había encargado del negocio de su padre quien era vendedor de su propia biblioteca, por lo que al morir él, ella heredo la casa, unos pequeños ahorros y por supuesto, su gran colección de libros. Recuerdo que gracias a ella encontré un lugar donde resguardarme cuando mi mama no llegaba, o durante las riñas con Roberto, o simplemente para alejarme de las entupidas niñas celosas de mi clase que no pensaban en otra cosa que besarse con cualquier niño rebelde de segundo año.
Conocí a Luís de una manera bastante curiosa, el se había fijado en mi debido a que siempre después de terminada la clase, me esperaba leyendo un cuento justo en la banqueta esperando a que me recogiera Doña Luisa. Luís se sentaba conmigo y me trataba de hacer platica con algún “objetivo” en particular; conforme fueron pasando los días empezamos a tener una relación amistosa muy bonita, y con ella empezaron a llegar los detalles, como los poemas, las cartitas de amor, las rosas; en fin, empezó a tener detalles muy lindos conmigo, por lo que cuando él llegó a declarar su amor por mí, y a pedirme que fuera su novia, no titubeé ni un segundo en contestar que sí. Apenas pasaron dos meses de relación con él, y la situación cada vez era menos precaria. Teníamos desenfrenos de pasión que acababan en un hotel sin nombre, simplemente con las mismas siglas, “Garage”. Y sin darme cuenta, un día, resulto que estaba embarazada, me tuve que salir de mi casa, dejar mis amistades y abandonar la escuela ya que mi madre no me apoyo. Luís se desapareció en cuanto supo, y no quise practicarme un aborto simplemente porque no tenía dinero, pero a final de cuentas, tuve que pedirle dinero a la única persona que alguna vez le llegue a importar, y esa persona era Doña Luisa, que casualmente sus primeras 4 letras eran el martirio de mi desamor…
Después de poner en una balanza lo que tenia y lo que había perdido, decidí buscar trabajos, sin encontrar gran cosa, no más que ser una simple empleada de una cadena trasnacional, o en un restaurante mediocre, o estar yendo a múltiples entrevistas para compañías fantasmas, que ya después de la quinta entrevista, se me facilitó el saber qué empresas eran las fantasmas y cuáles no. Después de unos cuantos meses, sin poder encontrar un verdadero trabajo, fue cuando me di cuenta que mi cuerpo y no mi mente se podía echar a perder por unas simples monedas, que aunque fueran simples, bien me hacían falta para mantener mis gastos. Así que empecé probando suerte en los callejones que estaban cerca del metro revolución, pero debido a la fuerte competencia por parte de las trabajadoras que ya tenían su lugar establecido, tuve que buscar otro lugar donde no tuviera problemas y sentirme segura.
A decir verdad, no es cosa fácil iniciarse en el mundo de la prostitución, pues no solo se necesitan las ganas de ganar dinero teniendo sexo, sino que hay partes oscuras en este negocio que de no saberlas o ser muy inocente puedes acabar violada, con una enfermedad venérea o en el último de los casos muerta. Mi búsqueda me llevó a Sullivan, que era donde me habían dicho que podía tener potencial para ponerme ahí. Tuve que buscar a una señora de nombre Ramona, que le dicen la “Barbie” (en realidad Ramona es un hombre de 1,80 de estatura, con voz grave, cuerpo operado y cabello decolorado en rubio). Al llegar con ella, el miedo y el nerviosismo hicieron que tuviera la desconfianza de preguntarle por la posibilidad de entrar al negocio. Cuando llegue, me vio de los pies a la cabeza, hizo una mueca de risilla, y me dijo que qué quería, le pregunté si era Ramona, y sólo asintió con la cabeza; después de verme, me dijo que la cuota por el acoston era de 500 más hotel, así que la tuve que interrumpir, y decirle que no venía con ella por eso, que quería ser prostituta y que esperaba que me diera una oportunidad. En ese momento su cara cambió e hizo una expresión de incredulidad, me dijo que no dijera tonterías, y que me regresara con mi mami porque estaba muy mocosa para saber lo que era eso. Le dije que no era broma, y que si no quería ayudarme entonces iría con alguien que si pudiera hacerlo. Me di la vuelta, y camine en sentido contrario a donde ella estaba, después de unos segundos, me gritó, diciendo que volviera. Regresé, y me dijo: -“Chamaca pendeja, no sabes lo que haces, pero es tu cuerpo no el mío; a ver, deja verte bien”. Me puso de espaldas frente a ella, y comenzó a tocar mi cuerpo por encima de la ropa; acarició mis hombros, mis cara, mis brazos, y agarró fuertemente mis pechos para sentir su consistencia, luego siguió con la cintura, y después con las caderas, hasta que finalmente, llegó a mis nalgas y a mi sexo, y fue ahí cuando pronunció las siguientes palabras : -“Ay niña, pero donde te habías metido?, pareciera que fuiste hecha a mano para este negocio, por supuesto que eres bienvenida”. Me soltó y en seguida llamó a una de las chicas que estaba a 10 metros de donde nos encontrábamos, le dijo que me llevara a la casa, y que me dejara descansar, que me levara a comer algo y que mañana me trajera de nuevo con ella.
Me dirigí con esta chica en un taxi no muy lejos de donde estábamos, en el camino me preguntó mi nombre, y que edad tenía, le conteste que me llamaba Paulina, y que a pesar de mi edad de 16 años, tenía todas las ganas de aprender el oficio porque me gustaba mucho el sexo. Ella carcajeo, y me dijo que en este negocio el sexo es lo último en lo que iba a pensar, me dijo que se llamaba Rosalía, y que podía contar con ella para lo que fuera. Después de platicar durante el trayecto a mi nueva casa, llegamos a un restaurante lujoso que estaba en la zona rosa, y me dijo que si quería comer, le contesté que sí, y no tardó ni 5 minutos en conseguir mesa y lo mejor del lugar. Comí como nunca lo había hecho en mi vida, con todo lo que podía caber en mi boca, definitivamente me di un banquete aquella noche. Una vez que terminé de comer, tomamos otro taxi y llegamos a un lugar bastante peculiar. El edificio era muy alto, de arquitectura art deco, bastante elegante y parecía ser de esos edificios que los hacen departamentos para gente de clase alta. Al llegar a la puerta, Rosalía sacó las llaves y entramos por un pasillo bastante iluminado, con espejos empotrados en las paredes y colores fríos que hacían del lugar un deleite a los ojos, saludó al portero, y esté me dirigió un saludo bastante amable. Llegamos al elevador, y apretó el botón para subir. Mientras lo esperábamos, me dijo que ésta sería mi casa en lo que yo me adaptaba y empezaba a ganar dinero, y ya con el tiempo podría comprarme o rentar uno mucho mejor que este. Creí que era una broma, pues no creía que podría pagar un lugar mejor que el que me estaban dando. Llegó el elevador, nos subimos y ella apretó el botón del noveno piso. Una vez que llegamos, se abrieron las puertas, y era un corredor oscuro con piso alfombrado y un ventanal de piso a techo que daba con la calle del edificio, sacó de nuevo unas llaves y las metió en el picaporte del departamento 901. Abrió y no podía creer lo que veía, era impresionantemente bello, todo perfectamente arreglado, de estilo minimalista, con su piso de madera y paredes blancas con marquesinas color arena. Me dijo que este era mi departamento y me dio las llaves, después me dio un tour por el lugar, me enseño la cocina, bastante amplia y con dos entradas, una para el cuarto de servicio y otra para la sala. Después me llevó a conocer el baño, que estaba justo en el corredor que conecta la sala con mi recamara y la puerta de la entrada, al llegar al dormitorio, encontré una cama inmensa, con sabanas blancas y bastante bien tendida, tenía su ventanal inmenso y las luces estaban puestas en el techo distribuidas inteligentemente, adentro del dormitorio también había otro baño, pero este estaba casi del tamaño del cuarto, con un clóset inmenso y una bañera que contaba con tina y al lado su cancel con regadera. Me sentía increíblemente satisfecha, no podía creer el pésimo trato que les daban a las mujeres que eran prostitutas, y todos los conceptos falsos en torno a ellas. Rosalía se despidió, y me dijo que la vería mañana en la mañana para empezar con mi nueva vida, me dejó las llaves en el buró y se fue. Justo después de que ella se saliera, recorrí el lugar con una sonrisa de oreja a oreja, imaginando que clase de vida me esperaría, pero la comida me impidió disfrutar por mucho tiempo ni huevo hogar, así que me desvestí, y me fui a la cama, imaginándome lo que me depararía la nueva vida que había aceptado tener.