Viva la vida, joven

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Aprendimos a vivir la vida binariamente: bueno-malo, caliente-frío, blanco-negro, despacio-rápido. Generalmente no aprendimos de nuestros padres los puntos medios (eventual, templado, gris, etc.), y por eso empezamos a decidir en torno a nuestros temores de cometer un error. Y claro, no aprendimos que los errores (cualesquiera que estos sean) son parte de un aprendizaje.

Algunos aprendizajes son caros, claro. La muerte, por ejemplo, sería el peor resultado por cometer algún error, verdaderamente irreparable. La pérdida de la salud, o de la integridad. Pero a veces confundimos el dolor con algo más. A veces confundimos el dolor con sufrimiento. Y como ya lo han dicho muchas veces: el dolor el obligatorio, pero el sufrimiento es opcional.
Tomar decisiones siempre cambian la vida. Algunas veces de forma muy transitoria, y otras tantas para mejorar o empeorar nuestras circunstancias. No hay decisión que no modele nuestro futuro, y es por eso que tenemos miedo a tomar decisiones, inclusive sabiendo que son para nuestro bienestar.
Ví una película, antes de regresar al DF de las vacaciones de Semana Santa (ya tiene sus meses), y me gustó bastante. Se llama "Ya no los hacen como antes", película mexicana ligera, cómica y al mismo tiempo, llena de verdad y, para mi sorpresa, me sentí reflejado en cada personaje. Les recomiendo mucho que la vean, yo la encontré hoy en Netflix, y quizá la tengan en otros sistemas.
Dentro de los mensajes más importantes, está el del derecho a decidir sobre nuestra vida, sea en pareja o sea individual. Muchas personas, bienintencionadas o no tanto, intentarán influir en la decisión personalísima de tener (o no) pareja. Llamémosle familia, amigos o conocidos. Cada uno, sin embargo, tiene sus propias motivaciones.Es natural haber sufrido desengaños. Sufrir desengaños es como el rojo del semáforo, porque nadie quiere que le toque cuando tiene que avanzar. Así, la vida nos entrega miles de experiencias que necesitamos moldear para poder desarrollar nuestras habilidades, alcanzar nuestras metas y ver que (disculpen si suena muy Miguel Ángel Cornejo, pero es la verdad) los sueños se pueden alcanzar.

El error ha sido criminalizado a través de generaciones, y no entendemos que es el propulsor de los cambios. Cuando una persona decide, por ejemplo, enfrentar su vida en pareja, o su vida como persona independiente, regularmente encontrará detractores, e inclusive personas que le dicen que está cometiendo un error. La sociedad piensa que la familia, la pareja y la auténtica independencia emocional (y de actos, cabe redondear) son errores que no deben abrazarse. En mi personalísima opinión, y creo que parte de la psicología me apoya, ninguno de estos hechos es, en si mismo, un error, sino procesos dentro de la madurez de las personas. Para nuestra sociedad, enfrascada en el hedonismo y el consumo, ser maduro es un error. Y no hay felicidad *auténtica* sin madurez. Perdí la cuenta de cuántas películas de Disney, o cuántas películas para adolescentes se han enfocado al tema de vivir la propia vida y enfrentarse a sus sueños. Y me cuesta mucho admitir, pero ningún estudio se interesa en volver taquillera una película si no hay un mercado. Quiere decir que tenemos una sociedad presa de sus miedos, con terror a abrazar sus propias metas y construirse con ellas unas buenas alas que les permitirá tener una mejor vida, en cada sentido de ella. De vuelta a la película, la trama tiene todo que ver con el miedo a no ser, a no pertenecer y a no ser aceptado. Por un lado, un padre que recién enviudó, tras un exitoso matrimonio, se enfrenta ante el reto de explicarle a los hijos (¡imagínate!) que tiene una nueva pareja, que se supo enamorar como no lo hacía desde hacía tantísimos años, y que cree en su sueño. Por el otro, vemos a una mujer joven, que no le teme al amor, sino al compromiso, y más allá de la presión social, intenta justificar su rechazo al matrimonio con el argumento de la monotonía. Así como el personaje principal tiene que establecer los límites con sus propios hijos, lo que en la realidad supone una amplia salud emocional, la historia desarrolla una trama divertida, profundamente humana, y donde todos nos podemos sentir reflejados. Te invito a que me digas, ¿qué pensaste de esta cinta? ¿Te sentiste reflejado con alguno de los personajes, o con todos? ¿Estás dispuestx a dar los pasos necesarios para vivir tu propia vida?

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