Visita inesperada

Hoy me llamó un amigo que hace tiempo perdió contacto conmigo. Fue un verdadero agrado volver a saber de él, pero también puso mi vida (por lo menos por hoy) patas arriba, ya que tuve que ir a buscar unas cosas que tenía almacenadas con otro amigo desde hace más de un año.

Pues bueno... vete a buscar en la espaciosa (pero siempre rellena) cobacha de la casa de este amigo esas cosas que tenías, busca un taxi, traelas a tu casa, revisa que todo esté (inventario completo, bendito sea el Señor), y luego llámale para entregárselas. Además, para coronar mi día, tuve que volver a formatear mi disco duro gracias al sistema de Microsoft... cosas de la vida.

En fin, me puse a ordenar cosas que tenía desordenadas, y encontré de todo: música, programas, archivos, ropa, una muñeca que le regalé a mi esposa con el celular que ella usa. También trastos que ahora me vienen de perlas porque con eso que nos mudamos hace poco, tenemos que reorganizar, así como muuuuucha mercancía que ahora mismo voy a poner en venta. En fin... esta visita, tan inesperada, fue beneficiosa.

Tengo que reconocer que pensé que nunca más lo iba a encontrar y encontrarme con lo contrario fue una bendición en mi vida. Quién sabe cuánto tiempo más iba a pasar ese compendio de destrozos en casa de mi amigo Ismael.

¿Cuántos de nosotros tenemos cosas igual de olvidadas? Creo que muchos. Es hora de desempolvar las agendas, y devolver lo que tenemos arrubmado.

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