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Reflexión musical

Lunes, 13 de Julio de 2009

Escuché por primera vez a Calamaro en 1997. Esto es, justo el año en que se publicó Alta suciedad. La primer canción que escuché de este mounstruo fue, exactamente, Flaca. Ergo, conocí su obra, en su tiempo, aunque, digámoslo así, por accidente.

En ese año salió una compilación (creo que de Warner) titulada “Ñ”. Y aunque la selección era de lejos un pasadón, tanto esta canción (y claro, el autor) así como “Causas y azares” (original de Silvio Rodríguez, en ese disco versionada por Miguel Bosé) hicieron trizas la cinta en cuestión. Claro que sí, yo todavía escuchaba cintas: el penúltimo resquicio de la libertad mal llamada piratería (el último es, por supuesto, Internet, y llegó para quedarse).

Durante un largo tiempo he creído que, el único detalle que hizo segundear permanentemente a Calamaro en mi lista de favoritos “de todos los tiempos”, fue que nació después de Sabina. Claro, porque la genialidad de los hombres que lideran mis gustos musicales es tal, que cuando los pongo a competir, solo la fecha de nacimiento logra el desempate. De hecho, ellos han sido referentes en este blog desde que lo creé, en 2005, aunque en otro contexto y con otras ideas, y claro, en un servidor gratuito.

Creo también que Calamaro está repuntando como pocos artistas. Más bien pareciera que su generación repunta, porque los chicos de ahora solo tienen de novedad el reguetón y a los emos. Es una pena que las pocas producciones que están haciendo historia no sean elaboradas por jóvenes con toda su energía, sino por músicos de gran liderazgo y trayectoria… músicos maduros que hasta mi esposa dicen que son “para viejitos”, y eso que solo tengo 26 años.

Solo veamos a los favoritos que no son artistas plásticos de quince minutos de fama: Calamaro, Bosé, Venegas (que nació en el colectivo de Tijuana No), Búnbury (que toca desde que yo era niño, con los Héroes del Silencio), U2, Robbie Williams, y pocos más que comenzaron en la recta final de la década de 1990. Inclusive, Jaguares se vende (al igual que Tacvba) como un producto novedoso, pero hasta yo lo escuché. Sería como si hoy viniera Universal, firmara a Armando Palomas y nos vendiera “Hasta el fondo del zaguán” como una canción recién hecha.

Lo que creo que ha infuído en este terrible hecho, no es la piratería, ya que grupos enteros, como Calamaro para México, y como en su momento pudo ser Panteón Rococó en España y el resto de Europa, lograron ser conocidos más allá de la breve frontera que la disquera les deparaba. Inclusive, hoy por hoy, artistas que en su momento fueron prolíficos, como Sergio Dalma, son mejor conocido en el círculo “de los que descargan música ilegal” que por la promoción de las grandes cadenas radiofónicas, la televisión, y el Internet comercial. Lo que ha influído en este terrible hecho sí es lo que hizo notar Emmanuel Acha en “El tímpano” de canal Once, y que es que hoy las disqueras no defienden a sus artistas, sino que solo graban lo que saben que se venderá. Antes, un artista rebelde (como fue Emmanuel, no las pendejadas que nos venden Televisa y compañía) podía crear su disco, probar un concepto, y decirle a la cara a los productores y directores de la disquera que habían sido unos mediocres por no innovar.

Sin embargo, existen los medios para que los artistas que realmente quieren innovar hagan algo. Claro que si la meta es ganar por los discos vendidos, en lugar de utilizarlos para lo que se usaban antes, que era ni más ni menos que para dar promoción, no creo que lo vean con los ojos que convienen a su carrera. Hablo de las licencias no-restrictivas (como Creative Commons), que permitirán que el artista pueda seguir generando, creando y ganando, sin achacar las pérdidas (inexistentes) de mercado, como lo hacen hoy, a la piratería.

Es fácil de entender esto. Tenemos de ejemplo a Coldplay que ha regalado discos completos, en vivo y de estudio, a través de Internet. O el proyecto de Frank Boeijen, tecladista de The Gathering, Silence is Sexy, que apostó por las licencias CC, en lugar de utilizar sus influencias en el medio para abrirse puertas en las disqueras importantes. El caso de Silence is sexy es hecho probado que Jamendo, BitTorrent y las licencias “liberales” funcionan. Silence is sexy sigue ganando, vende discos (como los regala) tocan junto a los grandes y comienzaron a hacer giras propias. Y considerando que podemos bajar sus discos completos (Every you should know, This ain’t Hollywood, This ain’t Hollywood (instrumental) y el disco donde participan, Coverclub Guilty Pleasures) por la cara, todavía ganan un buen dinero en discos, y con sus conciertos, si se les compra la mitad de lo que se les compra a los artistas de plástico, este grupo compró boleto en la historia.

Es de voltear un poco menos a las tiendas formales de discos y “contaminarse” de la buena vibra de artistas auténticos que ponen todos sus ahorros y sus sueños en donde se debe, y le apuestan a hacer las cosas mejor. Así, tendríamos menos Belanova comercial y tendríamos más Brad Suck y Silence is Sexy. O viéndolo de una manera más coloquial: menos Timbiriche y Menudo, y más… Calamaro.

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Breve epistolario, y el inigualado resultado

Viernes, 11 de Abril de 2008
Ejército Zapatista de Liberación Nacional
18 de Octubre de 1996 (como a las no sé cuántas de la madrugada)
A: Joaquín Sabina. Planeta Tierra
De: Subcomandante Insurgente Marcos. CCRI-CG del EZLN Montañas del Sureste Mexicano, Chiapas, México.
Don Sabina:
Yo sé que le parecerá extraño que le escriba, pero resulta que me duele la muela y, según acabo de leer, usted camina ahora por estas tierras que, mientras no acaben por venderlas también, siguen siendo mexicanas. Entonces pensé yo que, aprovechando que me duele la muela y que usted camina ahora bajo estos cielos, pudiera yo escribirle y saludarlo e invitarlo a echarse un “palomazo” con el Sup (a larga distancia, se entiende). ¿Qué dice usted? ¿Cómo? ¿Que qué tiene que ver el dolor de muela con el “palomazo”? Bueno, tiene usted razón, debo explicarle entonces la muy extraña relación entre el dolor de muelas, el que usted camine por estas tierras, la larga distancia y una muchacha. No, no se sorprenda usted de que ahora haya aparecido una muchacha. Siempre aparece una, vos lo sabés Sabina.
Bien, resulta que cuando yo pasaba por esa etapa difícil en que uno descubre en que ya no es más un niño y tampoco alcanza a ser un hombre (esa etapa, vos lo sabés Sabina, en que las féminas se transmutan de molestas a interesantes y hay que ver la de problemas que esto provoca), conocí a un viejo que, sin que se lo pidiera, decidió que tenía que darme un consejo sobre esos seres incomprensibles pero tan amables que eran, y son, las mujeres.
“Mira muchacho —me dijo— la vida de un hombre no es más que la búsqueda de una mujer. Fíjate que digo ‘una mujer’ y no ‘cualquier mujer’. Y por ‘una mujer’, muchacho, me estoy refiriendo a una de “única”. El problema está en que el hombre siempre queda con la duda de si la mujer que encontró, si es que encuentra alguna, es esa ‘una mujer’ que estaba buscando. Yo ya estoy viejo y he descubierto una fórmula infalible para saber si la mujer que uno encontró es la ‘una mujer’ que estaba uno buscando…”
El viejo se detuvo a ver hacia todos lados, como temiendo que alguien más lo escuchara. Yo sentí que algo muy importante estaba a punto de serme revelado, así que puse cara de circunstancia y saqué discretamente un papelito y un lapicero para tomar nota, no fuera a ser que se me olvidara la fórmula (de por sí batallaba mucho con las matemáticas). El viejo carraspeó y, sin poner atención en mi papelito y mi lapicero, me confió:
“Si tú le dices a una mujer que te duele una muela y ella, en lugar de mandarte al dentista o darte un analgésico, te abraza y deja que recuestes la mejilla en sus pechos, entonces, muchacho, esa mujer es la ‘una mujer’ que andabas buscando…”
Yo me quedé perplejo, pero como quiera tomé nota de la fórmula. A mí nunca se me había ocurrido que debía pasarme la vida buscando una mujer, por más que esa mujer fuera “una de única”. A mí se me ocurrían cosas más concretas y factibles, como ser bombero, conquistar el mundo o construir un avión que se controlara sólo con el pensamiento. Respecto a las mujeres, yo me tenía en muy alta estima y estaba más propenso a que esa “una mujer” me encontrara a mí, que a buscarla yo…
Yo tenía como 10 años y una maestra de piano de la que, por supuesto, estaba enamorado. Mi mayor empeño consistía en mirarle unos pechos que se adivinaban como el mejor remedio dental que tenía a la vista. Por supuesto que le apliqué la fórmula, pero ella sólo se me quedó viendo y me dijo que era un pretexto para no practicar en el teclado. Yo de por sí ya sabía que ella no era la mujer de mi vida, 15 años y un piano se interponían entre nosotros.
En fin, el caso es que, como quiera, seguí el consejo del viejo. Ya se imaginará usted, Don Sabina, el desconcierto que provocaba en las muchachas el hecho de que, en cuanto se presentara la oportunidad de estar solos (ese momento en el que el resto de los mortales aprovechan para acercar una mano o unos labios), yo me llevaba la mano a la mejilla y declaraba solemnemente que me dolía la muela…
Es cierto que en esa época no conseguí ninguna, pero acumulé una importante cantidad de analgésicos, antiinflamatorios, antibióticos y, por supuesto, tarjetas de dentista.
A mí ni se me ocurrió que la fórmula estuviera mal. Así que achaqué mis primeros fracasos a la falta de autenticidad en mi dolor de muelas. Por tanto me di a la dulce tarea de picarme las muelas. Y digo “picarme las muelas” en un sentido literal y no sólo comiendo dulces y bebiendo refrescos. Con clips y palillos, después de una paciente labor de meses, logré picarme dos muelas con tanto éxito que tuve que acompañar la estrategia con una fuerte dosis de antibióticos. Repetí la fórmula, ahora con la confianza de saberme auténtico, y los resultados siguieron siendo magros.
Así hubiera seguido adelante, acabando con mis muelas, si no es porque, ya adolescente, encontré a otro viejo que, cruel, me dijo:
“Mírate en un espejo y así sabrás por qué no tienes éxito con las chamacas. Tu problema está en la cara. Más bien en tu nariz. A los feos, las muchachas no les hacen caso… a menos que sean cantantes”.
¿“Cantantes”? Bueno, esta nueva fórmula le daría reposo a mis muelas (que por lo demás ya estaban definitivamente destrozadas) y me obligaría a un cambio radical en la estrategia. Claro que el problema entonces era saber qué se necesitaba para ser cantante. Resulta que no era tan sencillo como usar palillos y clips. Leí todos los manuales que pude: manuales de carpintería, cerrajería, electrónica, radio y tv, mecánica, y hasta tomé dos cursos por correspondencia, uno de piloto aviador y otro de detective privado.
Créame Don Sabina, que fue muy duro para mí darme cuenta que, con todos los avances de la ciencia y la técnica, no existe todavía ningún manual para ser cantante. Después, escuchando canciones, me di cuenta de que el problema era mayor ya que una cosa era ser “cantante” y otra más difícil era ser “cantautor” o “canta-autor” (vos lo sabés Sabina). Entonces hice trampa, es decir, escribí algunos poemas (o como se llamara lo que escribía) y dejaba siempre pendiente la música.
Por supuesto que seguí cosechando fracasos con las mujeres, pero a cambio logré darle una tregua a mis muelas y juntar una gran cantidad de papeles, papelotes, papelitos y, sobre todo, papelones (vos lo sabés Sabina) con poemas.
Seguro que todo este dilatado relato no le resuelve, Don Sabina, el misterio de la relación entre dolor de muelas, su caminar por estas tierras, la larga distancia y una muchacha. No se desespere usted, ya verá cómo al final de todo (vos lo sabés Sabina) las piezas se acomodan. Bien, continúo:
Resulta que (vos lo sabés Sabina) hay ahora una muchacha que está demasiado lejos y entonces pensé que usted, Don Sabina, podría echarme una mano y una tonadita (mire que no es lo mismo pero pudiera ser igual). Y usted podría echarme una mano si me permitiera tutearlo y, cómplice como ha sido antes sin saberlo, fingiera usted que nos conocemos desde hace mucho tiempo y que, por tanto, es perfectamente natural que usted reciba una carta del Sup redactada en los siguientes términos:
“Sabina (sí, ya sé que te desconcierta este inicial e irreverente tuteo, pero tú compórtate como si tal cosa):
“He trabajado arduamente en los últimos días en la letra que me encargaste para tu nueva canción (¡vamos, quita ya esa cara de espanto!, ya sé que no me has encargado ninguna letra para ninguna canción, pero sígueme la corriente para despistar al enemigo) pero ha sido inútil. No me sale nada original.
“Así las cosas, busqué en el cofre del pirata y sólo encontré un viejo y mohoso poema, que no es tan viejo y tal vez ni a poema llegue, que te puede servir si le das un poco de aliño. Es ideal para ponerle música y escalar con velocidad el hit parade internacional (no me preguntes si para arriba o para abajo), pero tú ya sabes que a nosotros las artistas (sigue fingiendo demencia, no denotes la menor sorpresa) no nos importa la fama (bueno, no mucho).
“En este caso particular, a mí sólo me interesa una muchacha que está demasiado lejos para que pueda yo musitarle al oído este poema y arrancarle así, vos lo sabés Sabina, una sonrisa o una lágrima. Porque es de todos conocido que arrancar una sonrisa o una lágrima de una muchacha que está demasiado lejos, es una forma de que no siga estando demasiado lejos, vos lo sabés Sabina. El poema dice, más o menos, así:
“Como si llegaran a buen puesto / mis ansias, / como si hubiera dónde / hacerse fuerte, / como si hubiera por fin / destino para mis pasos, / como si encontrara / mi verdad primera, / como traerse al hoy / cada mañana, / como un suspiro / profundo y quedo, / como un dolor de muelas / aliviado / como lo imposible / por fin hecho, / como si alguien / deveras me quisiera, / como si, al fin, / un buen poema me saliera. / Llegar a ti.
“La tonadita puede ir más o menos así: tara-tarara- tarirara-etcétera, vos lo sabés Sabina. El título de la canción podría ser ‘Canción para una muchacha que está demasiado lejos’, o ‘Un dolor de muelas para ella’, o ‘Un dolor de muelas, Sabina, la larga distancia, una muchacha y el Sup’. En fin, ya se te ocurrirá algo. El crédito puede ser ‘Letra: el Sup. Música: Joaquín Sabina’, o ‘Letra y música: Joaquín Sabina (a petición del Sup)’ o como quieras.
“Vale. Salud y ojalá ella entienda.
“El Sup”.
Esa podría ser la carta que usted recibiera y aceptara, Don Sabina.
Y todo esto viene a cuento porque estaba yo solo, con mi dolor de muela y leyendo que usted camina por estas tierras. Entonces pensaba yo que usted, tal vez, estaría de buen humor y magnánimo y que podría contarle yo la historia de los dolores de muelas, mi frustrada carrera como cantautor y una muchacha que está demasiado lejos.
Y pensaba yo que podría escribirle una carta tuteándolo y pidiéndole una tonadita para un mohoso poema. Y pensaba yo que usted me perdonaría el tuteo y el pedirle una tonadita para acercar a una muchacha que está demasiado lejos, y que así se completaría el rompecabezas del inicio.
Y no para que me dispense es que le cuento todo esto Don Sabina, sino para que comprenda. Y comprender, vos los sabés Sabina, es otra forma de absolver.
Vale. Salud y ya sabe usted, si le sobran por ahí un analgésico o una tonadita, no dude en mandármelos. Ambas cosas se agradecen en este asfixiado pecho que le escribe…
Desde las montañas del Sureste Mexicano.

La respuesta de Joaquín Sabina:

Fechada en julio de 1998 en Buenos Aires, Argentina, donde estuvo ese mes, la letra de Joaquin Sabina es la siguiente:

¿Donde encontrar una excusa
para tan terca mudez?
Sucede que, cada vez,
con mayor sana, las musas
se vengan de quien abusa
del ripio y el do, re, mi.
¿Que puedo contarte a ti,
que no sepas de memoria,
si andas cambiando la historia
con la tinta y el fusil?

Bastara con que, en las actas
chiapanecas del dolor,
conste que mi corazon
es una ciencia inexacta
que, a reganadientes, pacta
con la razon militante.
Ojala, subcomandante,
al cabo de este pregon,
merezca tu absolucion
este afonico cantante.

Pero elige con cuidado
a quien diriges tus cartas
porque hay leyendas que infartan
al animo mas templado.
¿Como puede merecer
corresponsal tan bragado
quien desde el mejor hotel
de Cancun o de Sevilla
oye hablar de la guerrilla
como quien oye llover?

Y, sin embargo, excluido
de partidos y banderas,
me conmueve tu manera
de no darte por vencido,
de disputarle al olvido,
la hoguera del porvenir,
de desempolvar la crin
del caballo de Zapata,
de matar a los que matan,
de ensenarnos a vivir.

Me encargaste una cancion
y por decimas te salgo,
hace meses que cabalgo
sobre la contradiccion
de restaurar la emocion,
en tiempos tan iscariotes,
con la mano en el escote
del verso a la antigua usanza.
Asi hablaba Sancho Panza
con mi senor Don Quijote.

Por lo demas, cuidate
cuando vengan por las malas,
que no te rocen las balas,
que no te falte papel,
ni frijoles, ni mujer,
que la virgen lacandona
te esconda bajo su lona,
te lo pide un gachupin
que se despierta en Madrid
soñando con tu persona.

Buenos Aires, julio, 1998

Al pie, Joaquin escribió a mano: “Querido Sub: Tarde y mal ahí llevas un adelanto. La canción saldrá en febrero. Con ganas de verte pronto… Todos los abrazos. Siempre. Joaquin Sabina.”

Y el resultado:

(clic en play, para escuchar la canción)

Como si llegaran a buen puerto mis ansias,
como si hubiera donde hacerse fuerte,
como si hubiera por fin destino para mis pasos,
como si encontrara mi verdad primera,

como traerse al hoy cada mañana,
como un suspiro profundo y quedo,
como un dolor de muelas aliviado,

como lo imposible por fin hecho,
como si alguien de veras me quisiera,
como si al fin un buen poema me saliera…
una oración.

Como si la arena cantara en el desierto
los cantos de sirena del mar Muerto,
como si para crecer sobraran las escaleras,
como si escribiera un ciego un libro abierto.

Ven a poblar el zócalo de ojos,
siembra de migas de pan caliente
mis canas de alcanfor adolescente.

Ponle al sordo voz y alas al cojo,
bendice nuestro arroz, nuestro minuto,
como si no fuéramos cómplices del luto…
del corazón.

Mikelet , , , , , , ,

El de Úbeda y el Catalán – ¿Sony se rinde?

Jueves, 20 de Diciembre de 2007

El día de ayer (no lo he comentado antes por el tema del troyanillo ese) estrené un regalo que, a mi gusto, ha superado cualquier regalo que haya tenido, y no es exageración. Y primero, el “marco histórico” para que nos entendamos.

Sucede que soy fan de Sabina (hoy Joan Manuel Sabina). Y cuando digo fan es Fan, así con su mayúscula y todo. Y es que ese maestro no tiene desperdicio, o al menos no se lo encuentro. Igual por eso dejé de oir a Rajona, digo, Arjona, porque mis oídos conocieron lo que significa calidad, originalidad y sobre todo, genialidad. Miren que escuchar un ente entregado a las difíciles lides de plagiar a este y otros genios. Pero en fin, el tema es el maestro y no el mal pupilo, el maestro se reunió (como todos ya saben) con el otro maestro, el catalán Joan Manuel Serrat (hoy Joaquín Serrat) e hicieron una excelente (por ponerle nombre a algo innombrable de lo bueno) gira llamada Dos pájaros de un tiro. Y resulta que no tuve el privilegio de acercarme siquiera a la taquilla por cosas que no vienen a cuento. En fin, que tenía el corazón un poco más que dolido, porque mi ingrato y siempre amable hermano fue y no me invitó siquiera.

Dado ese márco histórico, ustedes imaginarán cuando “alguien” (ni se dicen los nombres ni nada, en este momento soy un periodista en funciones haciendo un breve reportaje) hizo público el disco y me pude descargar ese concierto que tánto significaba para mí. Bueno, el de los Madriles, porque el del DF no lo he visto por ningún lado. Y era muy feliz.

Pero mi siempre amable hermano tiró por la borda un poco de ingratitud y compensó, por mucho, esa casi irreparable pérdida cuando antenoche, sin más que un “te lo voy a regalar, vas a ver” de prevención, me dejó con la dueña de mi cuerpo, corazón y sendos pagos (sí, mi mujer, no sean mal pensados) el digi-pack doble del concierto de los Madriles: DVD y CD (el que había descargado) y me devolvió al camino del bien.

Y como ustedes saben, un disco así debe durar al menos para que los bisnietos digan ¡y ese vejestorio de dónde ha salido!, así que, con conocimiento y herramientas software de por medio, comencé a intentar retirar las protecciones del DVD, y esto ha generado la segunda parte del título del post.

Resulta que, tremendísimo descubrimiento, el DVD no estaba protegido contra copia. ¡¡¡Y sigo sin creérmelo!!! Dos softwares, dos idénticos resultados: DVD-4, sin encripción de ninguna clase. Como si lo hubiera comprado en el top manta, aunque le arda a Ramoncín y llore la SGAE. Pero el disco, va de legal, y yo de incrédulo aun ya habiéndole sacado (y probado, faltaba más) una copia que, esa sí, será utilizada hasta que no haya más que hacer por ella.

Me lleva a pensar este extraño fenómeno en si Sony Entretainment de México, y por ende Sony BMG España, han doblado las manos y nos permitirán utilizar a los usuarios los DVD como siempre debieron ser. ¿Se han rendido? Pues un aplauso: la muestra de que los discos pueden seguirse vendiendo (aunque no a niveles groseros) aquí está. Y que el derecho a copia privada (mucho más en España con el puto cánon) no debería ser impedido de forma alguna.

Espero que sigan actuando de buena fe, y dejen de joder a los que les dan de comer.

Mikelet, Política y sociedad , , , , , , , , , , , ,


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