Reflexión musical

Escuché por primera vez a Calamaro en 1997. Esto es, justo el año en que se publicó Alta suciedad. La primer canción que escuché de este mounstruo fue, exactamente, Flaca. Ergo, conocí su obra, en su tiempo, aunque, digámoslo así, por accidente.

En ese año salió una compilación (creo que de Warner) titulada "Ñ". Y aunque la selección era de lejos un pasadón, tanto esta canción (y claro, el autor) así como "Causas y azares" (original de Silvio Rodríguez, en ese disco versionada por Miguel Bosé) hicieron trizas la cinta en cuestión. Claro que sí, yo todavía escuchaba cintas: el penúltimo resquicio de la libertad mal llamada piratería (el último es, por supuesto, Internet, y llegó para quedarse).

Durante un largo tiempo he creído que, el único detalle que hizo segundear permanentemente a Calamaro en mi lista de favoritos "de todos los tiempos", fue que nació después de Sabina. Claro, porque la genialidad de los hombres que lideran mis gustos musicales es tal, que cuando los pongo a competir, solo la fecha de nacimiento logra el desempate. De hecho, ellos han sido referentes en este blog desde que lo creé, en 2005, aunque en otro contexto y con otras ideas, y claro, en un servidor gratuito.

Creo también que Calamaro está repuntando como pocos artistas. Más bien pareciera que su generación repunta, porque los chicos de ahora solo tienen de novedad el reguetón y a los emos. Es una pena que las pocas producciones que están haciendo historia no sean elaboradas por jóvenes con toda su energía, sino por músicos de gran liderazgo y trayectoria... músicos maduros que hasta mi esposa dicen que son "para viejitos", y eso que solo tengo 26 años.

Solo veamos a los favoritos que no son artistas plásticos de quince minutos de fama: Calamaro, Bosé, Venegas (que nació en el colectivo de Tijuana No), Búnbury (que toca desde que yo era niño, con los Héroes del Silencio), U2, Robbie Williams, y pocos más que comenzaron en la recta final de la década de 1990. Inclusive, Jaguares se vende (al igual que Tacvba) como un producto novedoso, pero hasta yo lo escuché. Sería como si hoy viniera Universal, firmara a Armando Palomas y nos vendiera "Hasta el fondo del zaguán" como una canción recién hecha.

Lo que creo que ha infuído en este terrible hecho, no es la piratería, ya que grupos enteros, como Calamaro para México, y como en su momento pudo ser Panteón Rococó en España y el resto de Europa, lograron ser conocidos más allá de la breve frontera que la disquera les deparaba. Inclusive, hoy por hoy, artistas que en su momento fueron prolíficos, como Sergio Dalma, son mejor conocido en el círculo "de los que descargan música ilegal" que por la promoción de las grandes cadenas radiofónicas, la televisión, y el Internet comercial. Lo que ha influído en este terrible hecho sí es lo que hizo notar Emmanuel Acha en "El tímpano" de canal Once, y que es que hoy las disqueras no defienden a sus artistas, sino que solo graban lo que saben que se venderá. Antes, un artista rebelde (como fue Emmanuel, no las pendejadas que nos venden Televisa y compañía) podía crear su disco, probar un concepto, y decirle a la cara a los productores y directores de la disquera que habían sido unos mediocres por no innovar.

Sin embargo, existen los medios para que los artistas que realmente quieren innovar hagan algo. Claro que si la meta es ganar por los discos vendidos, en lugar de utilizarlos para lo que se usaban antes, que era ni más ni menos que para dar promoción, no creo que lo vean con los ojos que convienen a su carrera. Hablo de las licencias no-restrictivas (como Creative Commons), que permitirán que el artista pueda seguir generando, creando y ganando, sin achacar las pérdidas (inexistentes) de mercado, como lo hacen hoy, a la piratería.

Es fácil de entender esto. Tenemos de ejemplo a Coldplay que ha regalado discos completos, en vivo y de estudio, a través de Internet. O el proyecto de Frank Boeijen, tecladista de The Gathering, Silence is Sexy, que apostó por las licencias CC, en lugar de utilizar sus influencias en el medio para abrirse puertas en las disqueras importantes. El caso de Silence is sexy es hecho probado que Jamendo, BitTorrent y las licencias "liberales" funcionan. Silence is sexy sigue ganando, vende discos (como los regala) tocan junto a los grandes y comienzaron a hacer giras propias. Y considerando que podemos bajar sus discos completos (Every you should know, This ain't Hollywood, This ain't Hollywood (instrumental) y el disco donde participan, Coverclub Guilty Pleasures) por la cara, todavía ganan un buen dinero en discos, y con sus conciertos, si se les compra la mitad de lo que se les compra a los artistas de plástico, este grupo compró boleto en la historia.

Es de voltear un poco menos a las tiendas formales de discos y "contaminarse" de la buena vibra de artistas auténticos que ponen todos sus ahorros y sus sueños en donde se debe, y le apuestan a hacer las cosas mejor. Así, tendríamos menos Belanova comercial y tendríamos más Brad Suck y Silence is Sexy. O viéndolo de una manera más coloquial: menos Timbiriche y Menudo, y más... Calamaro.

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