¿Quién es el enemigo?

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Hermanx, Carlos Slim no es el enemigo. Yo sé que te contaron que Robin Hood era un héroe, pero no era más que un ladrón.

Aceptémoslo: si bien existe una desigualdad social en nuestro país, todos conocemos al menos una persona que no trabaja, que vive del regalo. Que no se esfuerza. Todos hemos dicho "hoy no voy a trabajar". Todos hemos buscado a un culpable de nuestro infortunio.

Sin embargo, no hay envidia peor que la simulada. Aquella que simula ser consciencia social, y aseverar que estamos siendo robados, cuando alguien nos cobra, mientras otros nos despojan, y encima les agradecemos. Cuando somos clientes de la propaganda y el engaño, y regalamos nuestras lágrimas, risas, sueños y esperanzas, al obediente ritmo de la batuta de Carlos, de Joaquín, de Ciro y de la señora Estrada. Cuando bailamos por nuestros sueños y futuro al ritmo del vals de Javier, de Jácome, del santo de cada quién. Agradecemos que nos usen, porque al menos nos separan de nuestra irremediablemente dura realidad.

El ingeniero no es el enemigo. Él construye infraestructura, saca pesos famélicos de la cárcel y da becas, todo sin pedirte cada año que llames, que "seas parte" de ese dar. Porque cada cosa que da puede tener su nombre, pero no tu dinero. O quizá sí, pero como debe ser, y no como un infame engaño.

Carlos Slim es un gigante. Como otros actores. Tenemos las trasnacionales que más ultramillonarios son sus dueños. Tenemos un Zara, un Walmart, y todas las empresas tecnológicas que queramos citar. Todos ellos en conjunto operan con tanto o más dinero que el mexicano-libanés más odiado y al mismo tiempo, más necesitado para mantener el balance. Aunque a nadie le guste admitirlo.

Y no es precisamente alguien a quien todas las puertas se le abran. Para todxs aquellxs que su memoria sea tan pobre, les recuerdo: hace algunos años, no muchos, las dos únicas televisoras mexicanas renunciaron a su excelente actuación de la telenovela de la competencia. Decidieron que era tiempo de unir sus morrallas y unificarlas en una (o dos, o más) fuerza que diera al traste con Slim. Así, Televisa dio una cantidad considerable de dinero por el 50% de Iusacell, al tiempo que le retiraban convenios de publicidad a CARSO. Lanzaron también una campaña relativamente exitosa de desprestigio contra CARSO, y nos anunciaron a Iusacell y su aborto Unefón hasta en la sopa. Con todo, se demuestra que las personas se podrán quejar de Telcel, pero no están dispuestxs a renunciar, mayormente con el argumento de tener a todos sus contactos en dicha empresa. Personalmente eso me tiene sin cuidado: uso movistar desde 2011, y con todo gasto menos que con Telcel y que con Iusacell.

La industria en este país ha cambiado por completo: Televisa, Axtel y Telmex, además de otros actores, ofrecen un servicio que hasta 1990 los ofrecía en exclusiva Telmex como empresa estatal. Desde 1993 Axtel comenzó a ofrecer sus servicios de telefonía en Internet, y en 2007 Televisa se comienza a atrever a invertir en telefonía fija. Mientras tanto, Telefónica, AT&T y otros actores ya habían hecho tratos, instalado infraestructura e invertido en general en poder ofrecer los servicios de telefonía e Internet, cada una con su tecnología y con sus maneras. Eso significa que probablemente por muchos años hayamos visto un rezago tecnológico masivo, heredado de un monopolio gubernamental, y no de una empresa que nació de dicho monopolio. Fue una situación que no se puede negar fue ventajosa, pero tampoco se puede negar que el actor más viejo de esta contienda, Axtel, es sin duda el competidor más próximo detrás del conglomerado de CARSO.

Axtel es también una empresa mexicana, privada y en términos generales, muy dura en cuanto a sus modelos de cobranza. Sin embargo, su compromiso comercial es evidente, habiendo nacido como una empresa local en Monterrey y hoy tener varios Point of Presence (puntos de interconexión), redes de fibra óptica en las tres principales ciudades, así como en Toluca, Ciudad Juárez, León, Aguascalientes, Querétaro, San Luis Potosí y Puebla. Tienen además presencia en ciudades en 25 de las 32 entidades federativas, y continúan invirtiendo en ampliar sus zonas de servicio. Tienen infraestructura propia en términos de acceso (cliente) y conectividad (red interna), así como rentan otra infraestructura necesaria a empresas como Bestel.

Hoy es de preguntarse hasta dónde realmente estamos informados lxs mexicanxs. Tanto de nuestro pasado como de nuesto presente y futuro inmediato. Y es que con la reforma de Telecomunicaciones, mejor sería emborracharse y huír del país en la resaca.

Partamos en dos aspectos la dichosa reforma. Comencemos, cómo no, por lo que realmente nos afecta. Y es que una cosa son las empresas y otra somos lxs ciudadanxs.

Resulta que nuestro presidente está ajustando las legislaciones a los nuevos tratados. Si alguien ha visto el tema de la piratería hasta en la SOPA, no es de extrañar entonces que nuestras leyes se perfilen a cumplir tratados tan ajenos como exóticos como el TPP. Si bien el TPP no ha tenido tanto bombo y platillo como lo tuvieron PIPA y SOPA (y otras leyes locales como Hadopi en Francia y Sinde en España), además de regular los acuerdos comerciales entre Brunéi, Chile, Nueva Zelanda y Singapur (hasta aquí es válido preguntar que en qué diablos nos afecta esto), tiene unos capítulos que introdujo Estados Unidos (que se metió hasta la cocina, y se encuentra en negociaciones desde 2008 en dicho tratado), que se alínean con SOPA y ACTA. Es decir, Estados Unidos (que todavía no tiene vela en ese entierro y el muerto se enterró desde 2006), ha puesto en un tratado aparentemente inocuo reglas que tienen todo que ver con derecho de editor, y nada con libre comercio. Así, por la cara, como dijeran mis amigos españoles.

¿Y que qué tiene que ver un tratado tan feo, tan abortado, pero tan lejano con México y la ley de telecomunicaciones? Pues nada más que Felipe de Jesús Calderón Hinojosa le entró a la mesa de negociaciones en junio de 2012. Justo antes de dejar su mandato. Y justo antes de ser motivo de escándalo en Harvard. Así pues, hay curiosas alineaciones astronómicas en dicho movimiento, que nadie se ha dignado a analizar y documentar, empero hay una curiosa línea de tiempo que hay que observar:

Felipe se interesa por el TPP y firma en junio. En noviembre le piden que demuestre su amor por la globalización, y ofrece dejar entrar papa fresca (con altos riesgos fitosanitarios) de Estados Unidos (un momento, ¿no somos productores?), además de comprometer a Pemex a la inversión privada.

Momento, momento. Wo, wo, wo. Hasta donde yo supe, antes de coquetearle amor a los gabachos, nuestro Congreso (una panda de inútiles, pero que al fin y al cabo cuando de petróleo se trata se avientan dilatoras increíbles) tenía que ser no solo informado, sino pedirle que reformaran nuestra constitución. Además eso de la papa, ya de por sí tenemos mucho con lo ambigua que es la información de transgénicos, en México son todavía ilegales, pero en Estados Unidos no. Y no crean que la papa iba a ser orgánica. Pero al fin y al cabo prometer no empobrece y se sabía que el siguiente al bat tiene una línea bien marcada desde Atlacomulco: privatiza PEMEX.

Que esté bien o esté mal privatizar Pemex, tiene sus asegunes. Sin "desdecirme", voy a jugar a un supuesto. A ver si podemos sintonizar la idea a la primera: ¿recuerdan que dije que Telmex nació de un monopolio estatal y que de ahí heredó su posición preponderante? Bueno. Ese es mi pistoletazo de salida. ¿Entregarían toda la empresa a un solo inversionista? ¿Exploración a uno y plataformas a otro, mientras los oleoductos siguen siendo del Estado? ¿Seguimos viendo las privatizaciones como una subasta de la soberanía, o realmente nos interesa el bien común? Creo que hasta no encontrar una fórmula idónea, debemos comenzar por limpiar la casa, evitar otros Transoceánicas, detener la ordeña ilegal de oleoductos, modificar nuestra constitución para poder refinar, permitir inversión donde hoy no existe infraestructura pero al interior (sin tocar a Slim, sobran empresarios mexicanos que pagarían por una oportunidad así, y les garantizo un éxito desmedido), y luego vamos a ver qué hemos aprendido en un proceso que no nos va a tomar menos de 25 años de camino duro y espinoso.

Las llamadas Reformas Estructurales demuestran dos cosas: que hay muchos amigos en el Poder, y que ninguno de esos es amigo de la ciudadanía "de a pie". Vamos, Enrique no es mi amigo. Ni tuyo, ni de tu vecino. Yo no me beneficio en nada de la reforma fiscal, ni de la energética. Pero eso viene más adelante, o en otro post, que ya me extendí demasiado.

Regresando al tema, Felipe nos compromete con Estados Unidos. Estados Unidos exige a un Tratado de Libre Comercio que los interesados y actuales actores se alineen a una normativa movida por el interés de la RIAA y otros actores semejantes de impedir el desarrollo natural que hasta hoy hemos tenido de Internet y su contenido. Enrique decreta como puede reformas que pretenden apegarse a dichas regulaciones. Entre ellas, se diluye hasta el límite el derecho a la privacidad. También la presunción de inocencia. Y por supuesto, no tenemos el control de nada, porque al final, ni una ni otra autoridad van a permitir que expongamos nuestro descontento. Si viviera en Suecia, me sonaría a ciencia ficción y a que esto lo he visto en Egipto y Siria antes, pero que ahí no exite la democracia. Pero estoy en México, donde simulamos a la perfección el ejercicio democrático y sonreímos capitalistamente. Donde se ganan elecciones exhumando muertos votantes, con puntos en monederos electrónicos y con la premisa "si me van a coger, que lo haga un guapo". Enrique sin embargo, es visto por algunos medios extranjeros como un mesías reformador. Claro, con vistas a un tratado de comercio cuando menos opaco.

Se menciona mucho últimamente, que cuando el NAFTA fue firmado, México no recibió el libre tránsito de parte de Estados Unidos debido a que ellos querían el petróleo. Hoy ya no esperan el petróleo, que en momentos me pregunto si para México es bendición o tortura. Ahora vienen por nuestra privacidad, nuestra libertad de expresión (entre otras libertades), y por nuestro mercado. No soy globalifóbico. Eso sería hipócrita por el modelo de negocios que decidí seguir. Sin embargo hoy pregunto, ¿en qué diablos nos están beneficiando? Hoy ni como ciudadano ni como empresario veo beneficio alguno de estas leyes. Aun cuando México recibiera el libre tránsito, supongo que tendríamos tantos candados que no podríamos invertir, trabajar ni vivir, a menos que con eso sacaran ganancia. Y créanme, van a sacar mucha.

La reforma en telecomunicaciones tiene previstas sanciones a usuarios por cuestiones de derecho del editor (el derecho de autor se nombra mucho, pero el menos beneficiado por todo esto es el autor), por bullying, por enfrentarse al gobierno. En fin, es draconiano. No vamos a poder escribir columnas como estas sin el riesgo de ser vulnerados de nuestras garantías. En lugar de ser vista la oposición como el ejercicio del derecho democrático a exigir una rendición de cuentas, se está previendo una pena, sanción o advertencia al democrático derecho de la oposición. Libertad, igualdad y fraternidad, pero para quien firme los acuerdos.

El movimiento que realiza Carlos Slim es cuando menos interesante, retomando la reforma por el lado de las empresas. El ingeniero está dejando en manos de su prima a su hijo. Su hijo ya es mayor, sabe defenderse y sabe obedecer. Además es destacado atleta y estudiante, muestra de ello es lo alto que ha crecido. Sin embargo, Slim (o tú, o yo) no dejaría a sus hijos con otras personas a menos que realmente sea lo mejor para todos. Y la razón de esta operación es sin duda alguna participar de un mercado más amplio, más educado y mejor consumidor. Todo sea dicho, Slim tiene la fuerza y los medios para permitirse vender América Móvil, y en el proceso ganar la transmisión de televisión restringida, y dejar de ser perseguido por su posición dominante.

El costo, si no lo hiciara, sería mucho más alto. Entregar de manera gratuita sus instalaciones e infraestructura, resultaría como si tú tuvieras que dejar que tus vecinos vinieran a vivir a tu casa solamente porque pudiste comprar una casa más grande. Y quizá tuviste la casa más grande porque te dieron un terreno cuando no había otros en el vecindario, y lo que ganaste lo usaste para comprar más. ¿De verdad tú permitirías que tus vecinos, por mera envidia, le dijeran al jefe de manzana que te obligaran a dejarlos entrar a tu casa, husmear tus finanzas, decidir cuánto cobras en tu trabajo, y encima obligarte a darles muebles, ropa de cama, alimentos y lo que hiciera falta para que estuvieran a sus anchas en tu casa? Estoy seguro que ni tú ni nadie que conozcas haría eso.

No es envidia. Axtel compró un terreno bastante humilde y discreto en el mismo vecindario. Ahora tiene la segunda casa más grande y, aunque parece que nadie dice nada, también ha tenido que sufrir sus propias desventuras. Pero a ellos afortunadamente nadie los ha señalado rijosamente. Y hoy tienen TV de paga, Interenet, Telefonía, accesos dedicados, hoteles de datos y una cartera de productos que Televisa quisiera tener. Y quizá los tendría si no recibiera tanto dinero de ti, cuando ves sus telenovelas, sus noticieros y su asquerosa liguilla de fútbol. Cada uno tiene sus prioridades. Axtel es más pequeño en dinero, pero Televisa es más pequeño en infraestructura. Bestel le renta a la CFE la infraestructura necesaria para el Internet. Axtel usa esos servicios, pero también propios, más amplios y en mejores condiciones. Son el próximo Telmex, y espero que crezcan tanto como el ingeniero Slim.

El enemigo no es el ingeniero, mis queridxs connacionales. El enemigo es nuestra ignorancia. Y otros se benefician de ella. A manos llenas.

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