Pan de hoy

Hace 12 años, tenía una novia que me hizo cambiar radicalmente mi forma de percibir el "estar", el "ser" y el "dar", sobre todo en pareja. Cosas como "el 100% de cada quién", el amar sin esperar a cambio, y sobre todo, la lección que denominamos "el pan de hoy", por la forma en que me lo explicó, que me quedó muy grabada y la sigo entendiendo así hasta la fecha.

Un día, fuimos al Vips que frecuentábamos (qué digo frecuentábamos, ahí estábamos diario, cada noche, días malos y días mejores), y estábamos en la barra, tomando café y nuestra costumbre: una rebanada de pay de fresa. Por esos días ella tenía problemas y no sabía cómo apoyarla. Sentía que lo que hacía era insuficiente. Quería ayudarla más, así que se lo dije. Con todo lo que traía encima, salió de su mal joojoo, y me dijo:

"Miguel, ve este pastel. Este, no es el mismo de ayer, ni el mismo de mañana. Hoy llegamos, pedimos y nos sirvieron una rebanada nueva.

"En la pastelería, en la panadería, diario hacen pan. Algunos son sabrosos, algunos son malos, y a veces el panadero tiene tan mala suerte que le salieron pésimos. Pero al fin y al cabo, es el pan que hay. No puede ofrecernos el pan de mañana, porque no existe. Solo está el pan de hoy.

"Así como en la panadería, a veces nos gustaría mucho poder ofrecer un mejor pan, pero si hoy no hubo más que 20 bolillos, no podemos dar 21. Así también contigo: hoy puedes darme un café, una plática y tu compañía. No hay pan de mañana. Ni pan de ayer. Solo tenemos el pan de hoy".

Tal como ella me dijo, nosotros tenemos una capacidad, una cantidad de recursos y una cantidad de energía diaria. No podemos exceder, por mucho que deseemos, esos límites. Podemos mejorar para el día siguiente tener, valorar y entonces ofrecer más, pero no podemos obligarnos ni obligar a dar lo que no está en nuestras manos. Y tampoco podemos juzgarnos por no poderlo hacer. Al fin y al cabo, solo tenemos el pan de hoy.

Recuerda siempre que puedes dar lo que tienes, no lo que no. Parece evidente, pero diario buscamos exceder nuestros límites porque es lo que aprendimos de niños. Desafía esa forma de pensar, y valora lo que sí tienes y ofrece, con calidad, cariño y desinterés, lo que está en ti.

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