No eres tú...

[](http://www.labalanza.info/wp-content/uploads/2014/01/47-No_eres_tu.gif)

Este es el cierre del año, y también sirve para hacer varias cosas en general, aunque no es mi caso, ya que tuve mi año nuevo hace un mes más o menos. No por religión, ni mucho menos. Sencillamente es parteaguas de mi vida, y punto.

Hoy que es cierre de año, vamos a aprovechar, y este blog también se va a dormir, para que sigamos adelante en Escribim.us. Quise terminar este blog con un post muy especial donde hablaré de cómo, en realidad, es muy cierta esa frase (dolorosa y a veces hasta absurda) de "no eres tú, soy yo", pero con un giro en su significado.

"No es tu forma de ser, soy yo que no te acepto".

¡Shebang! ¡Caray! Visto así, la vida tiene otro sentido, ¿verdad? Esta forma de ver la frase viene porque tuve que vivirla un par de veces, y claro, aunque la verdad está a medias, el resultado más o menos tiene que ver.

"No es que no te acepte, es que son mis miedos".

Más denso aún.

"No son mis miedos, son las mentiras con las que he crecido".

Ah. Así está más claro y, claro, nos deja más tranquilos.

¿Qué significa todo esto?

Digamos que nunca supe estarme en paz en lo que a las relaciones de pareja respecta. Una de las cosas que más duro se me critican es la forma en que no permito que el duelo se apodere de mi vida. Claro que, siendo honesto, el duelo es un proceso, no una norma estricta. Así como hay quienes guardan un luto doloroso por años, habemos los que salimos a hacer un festejo por lo que sí podemos todavía disfrutar. La vida es corta, aunque no parezca. Y creemos que nuestra "juventud" (más bien, nuestro espíritu) serán eternos como el universo. Pero ni siquiera del universo podemos estar seguros.

Es por esa forma de ver la vida que he simplificado algunas cosas. Algunas me duelen todavía, otras me han dolido menos. A quien más me ha costado dejar ir es a mi padre, pero un día descubrí que su ausencia no me duele. Lo recuerdo, a veces me gustaría contarle algunas cosas y saber qué opinaría, pero luego recuerdo que ya no está, y que yo sí, y sigo adelante. Con la muerte de los hijos cuesta más trabajo todavía. A veces no se puede superar el dolor, aunque sinceramente creo que ningún hijo muerto o que no alcanzara a nacer quisiera ver a su padre o a su madre infeliz. Y creo firmemente que hay que esforzarse por no caer por algo así.

Cuánto más, digo yo, pasa con las relaciones de pareja. Recordemos que venimos de diferentes educaciones, diferentes estratos sociales (aunque se parezcan, siempre será diferente alguien educado en la Del Valle a alguien educado en El Campanario, Querétaro). Siempre vendremos de diferentes experiencias de vida, que nos harán pensar diferente. Y así como a cada uno de nosotros nos educaron con diferentes estilos, palabras, etc., también nos educaron con una diferente tolerancia al fracaso, al miedo y al cómo enfrentamos lo desconocido.

Casi siempre he visto que cuando una relación fracasa, es más bien porque alguno de ambos tiene mucho miedo de saber qué vendrá. Jugamos a ser adivinos. Algunos, con más optimismo que otros, tenemos la esperanza de que el resultado de nuestra vida sea más virtuoso que los resultados de nuestros defectos. Otros, sin embargo, acostumbrados a ver solamente el error y los fracasos, apostarán por los vicios y sus costos a largo plazo. Es también por eso que encontraremos que las palabras que decimos diario serán las que definan nuestra forma de vivir: "es inteligente", "somos un equipo"; vs "es orgulloso", "somos un caos".

Insisto nuevamente en las experiencias de vida. Aun dos personas que vivieron situación de calle, tendrán dos finales muy distintos. Solamente habría que darle una mirada a "Ciudad de Dios", película brasileña, para saber esto. Mientras uno termina siendo el delincuente más radical y odiado de las favelas, otro personaje tendrá la capacidad de llegar a otra cumbre muy distinta, para mostrarnos la transformación de Río, como una ventana más que al bien y el mal, al resultado de las acciones.

Por eso, cuando en un rompimiento escuchamos "no eres tú, soy yo", aunque la ecuación será de ambas partes, el factor que falla, el que decide irse, será justamente aquel que tiene ese miedo.

"Me causas conflictos"

Esta versión de "No eres tú..." me encanta. Realmente, nadie causa conflictos en nadie. La realidad de las cosas es que los conflictos ahí están, latentes pero dormidos, debajo de una piel que quizá mucho tiempo tuvo una coraza, pero que hoy se ve debilitada, delgada, y no hicimos más que rozarla para darnos cuenta que los conflictos ahí estuvieron.

Como dice la conocida salsa de Tito Nieves, vivimos fabricando fantasías para no llorar, para no sufrir. Nos diseñamos un mundo a medida donde la realidad es algo que le pasa a los otros, que no nos alcanza. Nos rodeamos de asociados (amigos, familia, compañeros con los que estrechamos lazos) que tienen una perspectiva bastante similar de nuestra particular óptica de la vida, donde para no sufrir, decidimos confortarnos. Y aunque las frustraciones serán obvias, las aceptaremos con agrado, porque reflejan las nuestras propias.

La realidad, sin embargo, ahí estará latente, con lo que nos gusta y con lo que no. Un día, llegará y nos golpeará la cara. Y como me dijo recientemente un respetado y conocido empresario, filántropo, pero sobre todo, buen amigo, "la vida tiene un costo, y si dejas de pagar la nota, se convierte en factura, porque ya le cargaron los impuestos, y si la dejas de pagar, se te va a un crédito... y los intereses se acumularán hasta que decidas pagar". Así, mejor es pagar el costo de la vida, enfrentar que el simple hecho de vivir tiene un precio y no dejar que los intereses nos hagan sus esclavos.

Disculpen mis referencias, pero si alguien lo ha dicho mejor que yo, prefiero utilizar sus frases. En "Grandes Expectativas", de Dickens, le dicen a nuestro querido Pip, "tú querido, has sido sólo el catalizador de este cambio". Así, todos somos catalizadores, y todos hemos de catalizar. Como en la reacción química (violenta aunque invisible), todos hemos de volvernos sólidos, estables, a partir de la reacción violenta e invisible de la interacción de otras personas. A veces, ser el catalizador de alguien cuesta mucho, pero siempre podremos tener la satisfacción de que, a partir de nuestra experiencia, ninguno de ambos ha de ser igual que antes.

Así que ten por seguro que aun cuando te digan "me causas conflictos", la realidad es que en el fondo, ya existían. Solamente era cuestión de conocerte para que los sacaran a la luz.

Por supuesto, esto no significa que seamos perfectos. Primero, nadie lo quiera, y en segunda, para eso venimos: para mejorar. Y si algo sacó a la superficie esos conflictos, deberías saber si quieres cambiar o no eso. Como he dicho, cuando catalizamos, hemos de cambiar. Si eres inteligente, lo harás para bien. Así que toma lo dicho, destrípalo, ve cuan real es lo que te dijeron, y si quieres cambiar, hazlo. Y si no, continúa así, porque en realidad nadie debería cambiar tu escencia si no lo deseas.

Resumiendo

Todo final es doloroso. Siempre hay cambios que debemos enfrentar. Pero estos no son los fines de año. En realidad pueden ser cualquier día: un 31 de diciembre lo mismo que un 28 de noviembre. Está en ti saber cuándo quieres enfrentarlo, y volver a ser feliz.

blogroll

social