Mr. Big.

¿Se acuerdan de Sex and the City? Pues si, el título de esta entrada está correlacionado con ella.

Todas las Mujeres del Mundo, tenemos un Mr. Big en nuestra vida y todos los Hombres del Mundo en algún momento, se convierten en dicho personaje. Y es que resulta que en cuestiones amatorias, todos somos algo así como un asno borracho en medio de un hipódromo con los caballos a todo galope.

Exacto. Todos somos unos idiotas. . . Y es que desde los 6 años hasta que morimos, ¿cuántas curitas en el corazón no cargamos? Y creo que es a partir de tantas curitas, que nacen los Mr. Bigs del amor. ¿Por qué? Déjenme les explico.

Por naturaleza humana, hay cierto nivel de inseguridad en nuestro adn. Y tiene que ver con un mero y simple instinto de conservación ya saben, ése que durante la era de las cavernas nos ponía a salvo de un mamut tipo con rabia, hambre y acalorado. Es pues, completa y genuinamente un asunto de genética. Claro que hay de inseguridades a inseguridades y esas distancias, están dadas principalmente por cómo hemos sido educados pero vamos, que ése es tema para otro boleto.

¿Es acaso la inseguridad incrustada en nuestro adn la que nos lleva a auto-sabotearnos? La respuesta es un rotundo 'si'. Y no, no crean que me refiero al auto-sabotaje femenino solamente, para nada. También los Caballeros se auto-sabotean y saben por qué? Sencillo. Son igual de frágiles que las Mujeres. Igual se enamoran, igual sienten, igual. . . Temen.

Como decía, todos en algún momento de nuestra vida tenemos un Mr. Big o sí se es un Caballero, se convierte en él. Es más fácil echar a perder una relación que promete algo sí bien no eterno, por lo menos sí trascendental que. . . Quedarse y ver qué pasa.

Nos tornamos a la defensiva y buscamos a toda costa evitar que nos lastime el objeto de nuestro afecto. Pero, ¿por qué nos lastima el objeto de nuestro afecto? Independientemente de las expectativas que delegamos en él, nos lastima nuestro instinto de conservación ése mismo que nos ponía a salvo en nuestra caverna, lejitos de las fauces del mamut rabioso y hambriento que venía tras nuestro pero. . . ¿Cómo evitar que dicho instinto salga a 'rescatarnos'?

No es tarea fácil sobretodo cuando traemos tantas curitas emocionales sin embargo, podríamos conciliar con Mr. Big, el idealizado, y partir de ese concilio para conducirnos en la realidad. Caso contrario, sí es Usted Mr. Big, podría confiar en Carrie, la idealizada, y traspolar dicha confianza a la Carrie real.

Por genética tampoco somos fieles. Ni siquiera a nosotros mismos. Así que darnos un voto de confianza ante nuestro Mr. Big es todo un reto en realidad. Sin embargo cuando contraponemos lo idealizado contra la realidad, a menudo casi siempre hallamos un punto de inflexión, un punto medio entre la persona a la que queremos y la persona a la que creemos querer. Entre la persona que quiere y la persona que creemos que. . . Le quiere.

Así pues, todos, en algún momento de nuestras vidas, somos ese Mr. Big o esa Carrie que por más que tratan, no pueden estar juntos sin digamos. . . Pelear. Y pasarán años y el cariño ahí seguirá. La pregunta aquí sería:

¿Vale la pena NO ser Mr. Big y llevarlo a algo más?

Dedicado a mi Mr. Big que, aunque no lo crea, aún le amo.

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