Más allá del bien y del mal: La melancolía viaja en tren

¿Cuántas veces hemos sido invadidos por aquello que llamamos melancolía? Creo que muchas, al menos todos sin excepción alguna hemos sido azorados por la melancolía en algún momento de nuestras vidas. Esto no quiere decir que vivamos en constante depresión (como clínicamente se le cataloga a la melancolía) sino que hago alusión cuando nos atacan de momento recuerdos singularmente buenos, que nos genera una sonrisa en el rostro pero que nunca volverán a ser vividos y nos genera cierta melancolía.

La melancolía viaja en tren ¿Por qué? Porque cuando comienza el proceso melancólico emprendemos un viaje a través de recuerdos, momentos y situaciones. Todo comienza estando en el andén poniendo en marcha esta travesía de la cual no tenemos idea como vamos a regresar, puede ser un viaje placentero o totalmente agotador y angustiante, todo depende de cómo se disparen los recuerdos en nuestra mente.

Estando en este andén en espera del tren que nos guiará a través de las vías, conduciéndonos en lo más profundo de nuestra psique, al llegar el tren y sentir el vapor en nuestro rostro y escuchar el tintineo de la campana anunciando la próxima salida de nuestro tren.

Este al comenzar su marcha, sentados cómodamente en nuestra cabina (si, ya sé, pero en lo personal me imagino estar en una estación de tren de mediados del siglo XIX, es una imagen romántica) comienzan los recuerdos con sus imágenes a invadirnos de a poco, observando por la ventana como la gente despide a su familia, como los enamorados no quieren despegarse de ese beso apasionado porque saben que se volverán a ver hasta su próximo encuentro, los niños agitando sus manitas para despedir al padre que emprende un largo viaje, etc.

Mientras tú te encuentras sentado ensimismado en la profundidad de tus pensamientos (Todos esto, obviamente de manera imaginaria) comienzas a escuchar en el fondo esa música que te transporta a lugares, situaciones, personas, momentos, etc. Mientras que el carrete sigue girando y tú comienzas el viaje observando a través de la ventana del tren.

Comienzas a recordar y a sentir olores, texturas, la brisa del viento, la lluvia, el sol en tu rostro, la arena de la playa en tus pies, el frío del bosque, las caricias, las risas, las lágrimas, el calor de los abrazos, el sabor de la comida, lo húmedo de los besos y un sinfín de recuerdos que te llenan en ese momento de melancolía; conforme va tomando velocidad el tren al salir de la estación y sale de la “ciudad” a los verdes campos, con sus valles, montañas más profundos son los pensamientos.

Tú eres tan solo un pasajero de ese tren llamado melancolía ya que decidiste emprender ese viaje a través de todas tus memorias, en esa profundidad que te encuentras los recuerdos y todo lo que conlleva comienzan a ser más lúcidos y específicos, más detallados en su estructura, como si fuese una fotografía la cual estás viviendo, comienzas a recordar como ibas vestido, la hora que te levantaste, que comiste, a donde fuiste, con quien estabas, que platicaste, etc. Y tú cuerpo comienza a sentir una extraña sensación que te recorre de triste/alegría.

Conforme vas avanzando en tu viaje de introspección, dejando que fluyan y fluyan los recuerdos, mientras sigues viajando en ese tren, mientras escuchas el ruido de los rieles, de la máquina,  el crujir del vagón de madera y acero, mientras sigues observando a través de esa ventana los paisajes que se te presentan, pero caracterizados por los momentos que más has atesorado en tu vida, te sientas de manera más cómoda mientras el vaivén del vagón te comienza a arrullar y te lleva a un estado más profundo de recuerdos, donde el dolor lo vuelves a sentir a través de tu cuerpo, donde el olor de la otra persona se te hace presente, donde  el sabor de la comida lo percibes en tus papilas gustativas, donde la melancolía es más profunda, observas que ha anochecido mientras el viaje continua su viaje.

Son los momentos más complejos de la travesía, donde todo lo pequeño que recordabas que habían sido las cosas, las magníficas; donde ya no hay nada que observar a fuera más que la obscuridad de la noche, donde la tormenta que cae, el sonido de sus relámpagos y la luz de los rayos es lo único que ilumina el interior de tu cabina, esa sensación extraña de triste/alegría comienza a convertirse en una profunda tristeza, soledad y desesperación, son esos recuerdos que habías anegado en lo profundo de tu mente y no los dejabas salir; conforme va avanzado el tren sobre los rieles y va a travesando la tormenta, te reencuentras nuevamente contigo, esa tristeza, soledad y desesperación comienzan alejarse de ti, has hecho las paces nuevamente contigo mismo y te das las soluciones que en su momento no te supiste dar.

Al llegar el amanecer y comienzan a salir los primeros rayos del alba, mientras esa melancolía ha recorrido cada parte de tu ser, donde has vivido una gran cantidad de emociones, cuando el tren se va acercando a la estación en la cual tu bajas, comienzas a darte cuenta que ese viaje lo has disfrutado, recordaste y comenzaste a vivir nuevamente y momentáneamente de esos recuerdos que atesoras pero que sabes que no podrán volver  a ser. Los vuelves a guardar para cuando vuelvas a emprender ese viaje en tren, acompañados de nuevos recuerdos, vivencias y experiencias, recordando por siempre que la melancolía viaja en tren.

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