Más allá del bien y del mal: El eterno infierno de la intolerancia

Hoy voy a hablar de un tema que ahora ya me causa mucha gracia: la intolerancia de la gente ante todo aquel que es “raro” ante sus ojos, solo por no verse, pensar, actuar, desenvolverse de la “manera tradicional y socialmente aceptada”.

Como he comentado en anteriores ocasiones, las hordas sociales que cohabitan en esta gran ciudad, intolerantes como lo son, viviendo en su total y completa “mal cogidez”, ensimismados en su propia podredumbre; los motiva a ser intolerantes con todos aquellos que no conforman parte de su zona de confort.

Cuántas veces hemos visto hemos sido víctimas de los ataques verbales, de cuanto mal cogido anda por la vida, solo porque su vida no es la que quería, porque tuvo que renunciar a su propia individualidad solo para encajar en este gran hormiguero llamado sociedad.

Entiendo perfectamente que como seres humanos debemos todos interactuar y llevar relaciones sociales, pero parte del hecho de esa falta de individualidad que la intolerancia sea parte de esta gran convivencia, como si viviéramos en el “loop” infinito de las épocas de la secundaria, donde “los raritos” son tratados como si fuesen leprosos, rechazados y esquinados tan solo porque el prototipo social no encaja con ellos.

El hecho de pensar, vestir y actuar diferente causa un rechazo inmediato en los demás sujetos de la sociedad, si porque tienes tatuajes, si tienes piercings, si tienes preferencias sexuales diferentes, si vistes “mugroso”, si eres sexualmente abierto, si eres retraído, si no tienes el último “gadget” de moda, si te gusta leer, que si no usas ropa de marca o la que va en tendencia; con todo esto se forma una gran bola de nieve que conlleva a la intolerancia y raya en la discriminación.

Es increíble la cantidad de modismos utilizados para discriminar a las personas, tan solo por ser diferentes o actuar diferente, como dije, todo esto conllevado por la pérdida de la individualidad de las personas. Tal vez estas tenían gustos particulares, pero por miedo o tener el sentimiento de rechazo de sus congéneres decidieron pertenecer más al grupo que a sí mismos.

Y lo digo desde mi propia interpretación y por las experiencias vividas, muchas ocasiones me ha tocado ser “el rarito” de ciertos grupos sociales en los que me he desenvuelto, se llegó a convertir en una especie de bullyng psicológico, es algo que te afecta y llega a segregarte y en ocasiones te llega a alienar en eso que tanto te molesta, si llegas a darte cuenta y descubrir que estás perdiendo parte esencial de ti, corriges el camino y mantienes tu esencia como persona, dejando que ya no te afecten ni las conductas ni los comentarios de los demás.

Ahora con el pasar de los años descubro que soy más feliz que muchos de las personas con las cuales conviví, en si el hecho de congeniar socialmente es complejo, ya que los modos de pensar e interactuar son muy distintos, pero siguen manteniendo su modo intolerante ante los demás distintos a ellos.

Se convierten en entes manipulables, como un gran rebaño de borregos, guiados por el perro ovejero, siendo el líder espiritual de toda esta masa que no tiene consciencia total y real de lo que le rodea.

Ahora vemos la intolerancia hacía los maestros de la CNTE, que aunque no son los mejores métodos los que utilizan para manifestarse, esta horda, este rebaño furioso, avienta sus improperios, diciendo y vociferando cosas como "que se pongan a trabajar", "malditos huevones", "parásitos”, repito, tal vez no sean los mejores métodos de manifestarse, pero eso a que se llegue al insulto y a descalificación, es totalmente distinto.

También vemos la intolerancia hacía el grupo LGBTTTTT, en donde por manifestar su amor y su cariño en público, como cualquier pareja lo hace, son rechazados, insultados y discriminados, entonces, ¿Dónde queda lo que muchos pregonan “¡Es que yo si acepto!”?

Y no, déjenme decirles que no aceptan, solamente toleran y ambos son radicalmente opuestos, o como las personas de color (negros, si ya sé, pero es la palabra correcta) son etiquetados de toda su vida, con “juegos” desde la infancia son señalados y atacados solo por el hecho de tener un color de piel diferente al grueso de la sociedad y con lo cual tienen que luchar toda su vida, no dejemos atrás a los que sufren sobrepeso, los ataques hacía este grupo creo yo es el más encarnizado y voraz, ya que su autoestima ha sido amedrentada durante mucho tiempo es un grupo bastante vulnerable.

Y así como estos ejemplos, hay miles más, que si a uno le dan un aumento, los atacan, que si lo promueven en su trabajo, los atacan, que si estrena casa o coche, los atacan, que si tiene novio/o nuevo/a y es una persona guapa, los atacan, que si es feliz los atacan, tanta intolerancia sólo por la pérdida de la individualidad y la falta de deseo de ser uno mismo.

Muchos creen que por tener un “status” serán o son felices, he observado con tristeza que no es así en muchas ocasiones, siempre hay ese dejo de vacío y de insatisfacción y deseo por pertenecer al “algo más” y no, no está mal, es sano el impulso de mejorarse día a día, pero cuando pierdes tu individualidad y pierdes parte de tu personalidad es donde todo el esfuerzo y la lucha ha sido en vano.

No sé, tal vez no me guste mucho el mote de que se me tache de raro o diferente en muchas ocasiones, pero prefiero ser eso a volver a perder parte de mi personalidad con tal de encajar en un modelo social intolerante, como en todos y cada una de las columnas que he escrito en La Balanza, siempre he dicho que esta es mi versión de lo que observo, todo es a título personal y si alguien no concuerda está en todo el derecho de no gustarle y hasta de mentarme la madre si gusta, porque eso sí madre tengo y mucha.

Ok no.

Bueno si.

Pero en fin, la intolerancia es parte de la conducta humana cuando se siente amenazado por alguna extraña razón a su subconsciente, sólo espero, mis muchachitos, que cuando lean esto, busquen ser felices con quienes son o vivan en el eterno infierno de la intolerancia.

Alfonso Casarrubias.

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