Lo incomodo de decir adiós

Esta semana escribiré de otro tema, distinto al de la semana pasada, hoy hablare de “lo incomodo que es decir adiós” al terminar una relación. Como la mayoría de ustedes sabe y ha pasado (seguramente) al terminar una relación hay momentos en los cuales se convierten en incómodos y eso es  despedirte de la persona en turno. Aquí hablo de todas mis experiencias y relaciones a lo largo de mi corto tiempo de vida, quedando eximidas todas aquellas involucradas, hablo a título personal y de nadie en específico.

Comencemos desde el principio; todos los seres humanos al entrar en ese estado de adormecimiento auto inducido llamado enamoramiento o amor, comienza por los impulsos químicos que genera el cerebro y manda los impulsos de querer “reproducirse” a como dé lugar, le llamo reproducirse ya que el que habla en esos momentos es el “cerebro primitivo del hombre” y hombre por especie no por género, porqué seamos honestos, nadie anda con nadie solo porque es divertido/a, tiene bonita letra o cocina muy bien, claro que eso influye, pero hablaremos de eso más adelante. De inicio lo único que te importa es tener a la otra persona como de lugar, ya que hay una “empatía química” entre los involucrados.

A partir de ahí comienza esa odisea llamada “amor” ¿por qué? Porque allí comienza el juego del cortejo, donde el macho trata de conquistar a la hembra, en juegos “socialmente” aceptados basados en tradiciones y costumbres de acuerdo a la cultura de cada región del basto planeta. Aquí es donde se pone a andar toda la maquinaria hormonal, química, física, de inteligencia y porque no, monetaria, donde el macho como su cerebro así se lo ordena es quien debe de conquistar a la hembra con todas las artimañas habidas y por haber y la hembra se deja cautivar, si es que así lo desea, por el macho en turno. Empieza el juego de los coqueteos, de las largas platicas, de los halagos incontrolables, de las invitaciones a salir donde el “quedar bien y ser uno mismo” muchas veces entran en conflicto, porque aceptémoslo, NO conoces nada de la otra persona o no la conoces lo suficiente para que sepa de tu verdadera personalidad y así pasa esta etapa hasta que el macho conquista a su hembra, obvio bajo el consentimiento de ella y disfrazado de la dulzura e ingenuidad que ellas demuestran para no afectar la autoestima de su macho.

Bueno pues, ya pasando la etapa de la conquista comienza a llevarse a cabo una relación en la cual no tienes muchas expectativas pero si muchas ilusiones y emociones, como todo ser humano tiende a idealizar su relación con que será “el amor de su vida” Todo va transcurriendo en una vorágine de emociones en un caleidoscopio de sensaciones, donde todo los que conlleva a la otra persona es “perfecto” obvio nunca lo es, porque el ser humano no es perfecto en nada, pero nuestro cerebro ciego así nos lo hace parecer. Siempre los primeros meses son los “más” apasionantes ya que la dopamina, oxitocina, serotonina y demás químicos que generamos están a tope y nos dejamos guiar por los impulsos de estos, es cuando hasta el cielo nublado, el resplandeciente sol, el olor a lluvia etc. Te genera placer porque lo estas compartiendo con esa persona, aun cuando odies alguna de las cosas que menciono, pero en esos momentos eso es lo menos importante.

Pasan los meses y es cuando las personalidades de cada uno comienzan a ser vistas de manera real, ya que pasaron esos cuatro meses, según estudios científicos realizados en varias Universidades del orbe, donde dicen que “el periodo de enamoramiento embrutecido en las personas dura alrededor de cuatro meses” Comienza la verdadera relación, donde ambas partes comienzan a ceder en lagunas cosas, obvio, sin dejar de lado su personalidad, sin dejar de ser ellos, pero si quieres ir al cine y ella al teatro se ponen por mutuo acuerdo en que hoy van a uno y mañana al otro para que ambos gocen de la actividad que quieren hacer, o si a ella le gusta el sushi y a ti la carne, pues van a uno y luego al otro, bueno el chiste es que comienzan a acomodarse de manera “natural” las cosas para que esa pareja lleve su relación de la mejor manera. Hasta ahora no he dicho nada de “lo incomodo que es decir adiós” porque estamos poniendo en contexto todo para llegar a ese punto, así que prosigamos.

Ya al pasar el tiempo en esa relación llega un punto de no retorno, el cual es tomar la decisión juntos, ya sea a conciencia o en un impulso arrebatado de vivir como pareja en concubinato o por todas las de la ley, eso depende de las costumbres y educación de cada involucrado, aquí no se promueve ni una ni la otra, sino que se trata de manera neutral. Ya que se toma esa decisión, comienza una nueva etapa la cual todas las parejas descubren y son las peleas de que vajilla comprar, que almohadas, colchón, que a mí me gusta la cocina roja, que a mí me gusta azul, que prefiero sabanas de algodón, que yo las prefiero de franela; bueno toda esas parafernalia que surge ya que cada uno tiene una personalidad bien definida y tiene sus propios gustos, es el comienzo de la negociación interminable durante todo el tiempo que dure esa relación, porque cada persona tiene sus manías y como lo más natural del mundo y debería de ser obvio, si estas con esa persona es porque la aceptas con todos sus defectos y virtudes, se supone que ya conoces gran parte de su personalidad y estás dispuesto a convivir y a vivir con esa personalidad.

Ya que se estableció y se asentó esa relación al pasar un par de años comienzan a subir de nivel e intensidad las peleas y discusiones, porque el vínculo de confianza está totalmente establecido, ya que no importa quien se echa pedos junto al otro, entra al baño y deja la puerta abierta, que pueden durar más de tres días sin bañarse y no importa si la ves despeinada o te ve pasearte en boxers y playera, porque pues son pareja ¿o no? Donde muchas veces las tareas de la casa están ordenadamente repartidas, desde el menú de la semana, la limpieza y demás cosas que cada pareja hace, pero regreso, como decía la intensidad aumenta, ya que muchos rasgos de cada personalidad chocan con las de la otra persona o los intereses cambian ya que como ser humano evolucionamos día a día y nos fijamos metas en común y por separado, porque somos seres individuales y ¡Oh mi Dios! Aquí es donde todo comienza a irse en caída libre, ya que los defectos antes no vistos o más bien no querer ser vistos comienzan a resaltar en cada uno, comienzan a darse cuenta de que ese amor idealizado se convierte en una persona real y que todas las expectativas puestas pues no, no se van a realizar, ya que desde niños estamos mecánicamente programados en como debe ser tu vida en todos los sentidos y como es lógico la vida en pareja también entra a ese círculo vicioso, ya sea por un complejo de Edipo donde alguno delos dos quiere sustituir a la figura paterna o materna, según sea el caso de él o ella, diferencias irreconciliables en la personalidad y un largo etc.

Ya que se llegó a esta situación es donde comienza “lo incomodo de decir adiós” Ya que se tomó la decisión de separarse, ya sea por ambas parte o que una haya tenido la decisión de hacerlo, comienza la tormenta en el vaso de agua para ambos, ya que aceptémoslo, nadie o casi nadie termina diciendo “órale, no hay pedo, a lo que sigue” y más cuando hay un nivel de acercamiento hacía la otra persona, donde viviste y conviviste a diario con ella, pasan los días y semanas y sientes que sufres y te duele y es total y completamente lógico; ya que pasas por el proceso del duelo y como todo duelo no se elimina inmediatamente. Hasta porque se muere tu mascotita sufres un duelo, una separación pasas por el mismo dolor y como en muchos casos no terminas por aceptar o soltar aquello que ha terminado. Todo se convierte en incomodo porque a la hora de la separación así haya durado meses o años aquello, cuando toca el entregarse sus cositas, desde cartas cursis, regalos o tengas que sacar las cosas de donde viviste, te confrontas de nuevo con esa persona, donde los silencios que antes eran cómplices ahora son incómodos, donde se evaden las miradas porque esa persona ya no te interesa, donde las palabras se quedan mudas porque “como yo voy a decir algo” donde lo más civilizado sería “adiós, que te vaya bien y suerte en tu vida” Pero no, como va a ser eso posible y hablo en general por qué no me digan que a ustedes no les ha pasado. Se convierte es una escena totalmente incomoda, más que si te hubieran cachado tus padres cogiendo con tu novia en tu cuarto o los padres de ella, porque ese vínculo que los unió ya no existe, son entonces totalmente desconocidos y a la vez conocidos, donde la única palabra que sale de sus bocas es “gracias” y creo yo que ese gracias es el cierre total a lo que viviste. Se dan cuenta de que esa persona a la cual amaste te es totalmente ajena, ya no es a quien conociste, te es totalmente extraña, ya no te ves en su mirada y su sonrisa ya no te hace sentir lo que sentías, esquivándose entre murmullos corteses y sonrisas banales terminan por despedirse para nunca más encontrarse, esos minutos se convierten en los más incomodos porque el ser humano no está preparado ni emocional ni psicológicamente para decir adiós. En casa y en la escuela siempre nos han enseñado a enfrentar cosas nuevas a recibirlas, pero nunca se nos ha enseñado a despedirnos, a soltar, a decir adiós, es por eso que es muy complejo el comportamiento de las personas cuando hay una separación específicamente hablando, no hablo de muerte ni nada por el estilo. Estamos tan acostumbrados a no saber decir adiós, que cuando esto sucede es algo nuevo, aunque ya lo hayas experimentado en muchas ocasiones, pero cada relación es distinta porque estuviste con una personalidad muy distinta la anterior, así que te enfrentas nuevamente a algo nuevo y desconocido. A “Lo incomodo de decir adiós”.

Alfonso Casarrubias

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