La sobrevaloración de los medios masivos

Oficialmente las campañas de los candidatos a la presidencia de nuestro país iniciaron el 30 de marzo del presente año, sin embargo desde el 2011 empezamos un periodo intenso de información en los medios masivos sobre los, en ese entonces, pre candidatos; Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador aparecían a diario en los noticieros, periódicos y programas de radio.

El candidato de la izquierda lleva casi 6 años en campaña disfrazada de una resistencia civil pacífica y haciendo actos como los hace cualquier candidato bajo la premisa de que él es el presidente legítimo, conociendo prácticamente todo el país y haciendo promesas dando por hecho desde el 2006 que él sería el contendiente a la presidencia del país, ignorando por completo todo el proceso que los partidos políticos que lo respaldan tendrían para elegir a su candidato.

Lo que quiero dar a entender con esto es que las campañas no iniciaron el 30 de marzo de 2012, iniciaron el 3 de julio de 2006 y hemos vivido casi seis años de un ir y venir de propuestas, promesas, insultos y demás cosas propias de la política. Y los hemos vivido gracias a los recientemente muy atacados medios de comunicación masiva.

Desde que tengo uso de razón, he escuchado comentarios negativos de la televisión: Te enajena, te miente, te hace tonto, te hace daño. Ahora y en todos los procesos electorales se habla de que hace ganar o perder a uno u otro candidato, que tiene un poder de manipulación increíble, que atrapa a casi todos y es la culpable de los malos gobiernos.

Es el medio de comunicación más satanizado, sin embargo yo no creo que la televisión sea mala, lo malo es el atribuirle valores que no le corresponden.

Digo lo anterior porque yo soy de esos que no apoyan el famoso movimiento supuestamente estudiantil “Yo soy 132” por muchas razones, pero principalmente tres: Carece de organización, no es sincera al declararse apartidista y sus supuestos objetivos están mal planteados y fundamentados. Insisto y quiero que quede claro que esa es mi muy particular forma de verlo.

Si bien ha llamado mucho la atención por su profundo rechazo al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, una de las cosas que más ha calado a los medios es su rechazo a la forma en que éstos han dado cobertura a las campañas políticas, ya que aseguran que están a favor del PRIísta y al hacer una cobertura que lo favorece, hacen que la gente quiera votar por él y cambie sus intenciones de voto hacia otros candidatos para regalarle el sufragio al llamado candidato de televisa.

Pero no solo eso, también resurgió el reclamo de que los contenidos que ofrece son pésimos, fomentan el conformismo, no tienen nada de culturales, ayudan al incremento del consumismo, no son democráticos, nunca dicen la verdad en nada y mucho menos en cuestiones de movilizaciones sociales, como la suya. “Hay que abrir la competencia”, exigen.

Y sí, no estaría nada mal concesionar una o dos cadenas más de televisión, pero, ¿Las nuevas cadenas cumplirán con todos sus reclamos? Yo creo que no, a menos que tengan una nueva forma de manejar medios de comunicación masiva y decidan ignorar a personajes como Lasswell, Merton y Wright.

Según un texto de Charles R. Wright titulado “Naturaleza y función de la comunicación de masas”, ningún tipo de comunicación masiva tradicional, llámese radio, televisión, cine, periódico, revista, etc., tiene la obligación de ofrecer contenido “intelectual”, ni de transmitir con lujo de detalles manifestaciones o movilizaciones que protesten en contra de algo o de alguien.

Esto no es porque así se quiera, tiene sus razones. En el texto mencionado, Wright cita a Lasswell y Merton en la cuestión de las funciones de los medios masivos, según ellos, las principales son: supervisión, concordancia, transmisión y entretenimiento.

De esas cuatro se desprenden muchas más, pero siempre teniendo como objetivo principal el entretenimiento. Por ejemplo, éstos autores hablan de que una de las funciones es transmitir cultura, sin embargo no se dice que tipo de cultura y habrá que ser muy claros al decir que cultura es desde un concierto de la Orquesta Filarmónica de Viena hasta el video del primer sencillo del nuevo disco de Paulina Rubio.

También hay que decir que ésta parte cultural de los medios masivos corresponde al entretenimiento que tienen como objetivo ofrecer y cuya meta es que los individuos que los consuman puedan socializar usando como puente algo que hayan visto o escuchado. “¿Ya escuchaste la nueva de Espinoza Paz?”, “¿Viste el golazo de Ronaldo?”, etc.

En éste punto, muchas personas que se auto consideran intelectuales, dirán que es un pensamiento mediocre el rebajar a los consumidores a ese tipo de contenido. Puede ser, pero hay que recordar que son medios masivos y por lo tanto no pueden personalizarse, deber ir dirigidos a las masas, a la mayoría y en éste país la mayoría somos personas de clase media-baja, que pasamos horas en el transporte público y llegamos a nuestros hogares cansados y fastidiados y cuando prendemos la tele esperamos encontrar algo que nos distraiga un poco de nuestras realidades o si prendemos el radio es porque queremos escuchar una buena canción. En pocas palabras: Buscamos algo fácil y entretenido.

En el asunto de democratizar los medios, según mi concepto de democracia, no está tan mal. Se transmite lo que piden las mayorías, no minorías. Desde mi punto de vista las movilizaciones como la “yo soy 132” es una minoría.

Ahora, ¿Por qué no se le da una cobertura más completa a movilizaciones como esa o la “resistencia civil pacífica” de AMLO? Eso también está explicado en el texto de Charles Wright bajo el concepto de interpretación y prescripción a través de los medios masivos.

Consiste en seleccionar, evaluar e interpretar la información que será transmitida. ¿Esto viola la característica de que los medios deben ser objetivos? Sí, pero no es culpa de los medios, es culpa de los consumidores de medios.

Umberto Eco escribió un texto titulado “¿El público perjudica a la televisión?” donde plantea que los medios son como son por culpa de los consumidores. Si se perdió la objetividad y se cambió por una persona que interprete las noticias, es porque así lo quisieron los consumidores, ya que el que interpreta y opina tiene más rating que el comunicador que se limita a narrar las noticias sin dar opiniones.

Claro que esto va dañando gradualmente la capacidad del público de criticar y de formular conclusiones propias, pero insisto en que no es culpa absoluta de los medios.

Además, un objetivo que describe Wright al respecto de eso, es que los medios masivos deben prevenir una sobre movilización y excitación del público con el fin de evitar conflictos graves. Mantener un orden social.

Ahora, en el actual proceso electoral se ha dicho que muchos medios de comunicación, principalmente todo el Grupo Televisa ha mostrado un claro apoyo al candidato del PRI, cosa que no da lugar a dudas, ya que es más que evidente, pero ese no parece que sea el problema, la cuestión es que se ha dicho que éste apoyo manipula a las personas, persuadiéndolas y provocando que voten por Enrique Peña Nieto.

Ese último punto es el que no termina de convencerme. Hace menos de un mes leí en una revista un estudio que se realizó en Estados Unidos acerca de cómo afectan los medios al proceso de elegir por quién votar y los resultados decían que el efecto es mínimo en cuestión de cambiar de elección.

El estudio decía que afectaba más el rodearse con personas de una u otra preferencia política que el estar sobre expuesto a los medios masivos.

Al leer eso, me quedé con dudas y hasta creí que era algo no real, pero poco después leí el texto “Los Mass-Media y las elecciones” de Kurt y Gladys Engel Lang y, para mi sorpresa, trataba de lo mismo, con los mismos resultados.

Los dos estudios fueron en Estados Unidos, uno en los 50s y otro en el 2000, pero ambos tenían los mismos resultados: estamos sobreestimando la acción de los medios masivos con respecto a un proceso electoral.

Los medios no tienden a fomentar un cambio de decisión, más bien tienden a confirmar el voto. Si ya se tenía la intención de votar por el PRI antes de iniciar las campañas, los medios masivos sólo confirmarán esa intención de voto. Eso con todos los partidos.

Pero, ¿Qué pasa con los spots? Sencillo: son aceptados o rechazados, según las preferencias. Supongamos que una persona tenía la intención de votar por López Obrador desde antes del inicio de campañas, ésta persona, al ver spots de AMLO, se sentirá identificado y los aceptara, y al ver spots de Enrique Peña Nieto, los rechazará.

Ahora, si una persona tenía la intención de votar por Peña Nieto antes del inicio de campañas, al ver los spots de él, le agradarán, pero al ver spots de AMLO, los repudiará. Incluso al ver los spots negativos del PAN en contra de Peña Nieto, en lugar de pensar que su candidato no ha cumplido sus famosos compromisos, pensara que el PRIísta es tan bueno, que ya no saben con que cosa desprestigiarlo.

En pocas palabras, los medios masivos, incluyendo la televisión, no tienen un efecto que haga cambiar de opinión a las personas con respecto a su voto, sólo confirma la decisión. Contrario a esto, las personas en la calle, escuela, trabajo y familia sí tienen un poder mayor para hacer cambiar de opinión a los individuos.

Eso, creo yo, hasta por aceptación. En una familia de tradición PRIísta, es lógico pensar que los más jóvenes también apoyen dicho partido. En un seno familiar con tradición izquierdista y de resistencia, sería un pecado ser PRIísta o PANista. En una familia católica, lo lógico es que nadie de un voto al PRD.

Podemos ejemplificarlo mejor con los jóvenes universitarios, ya que parece estar de moda ser PRDista y apoyar a Andrés Manuel con todo y su república amorosa aunque, muy en el fondo, todos sus simpatizantes sepan que sus propuestas no tienen un sustento viable y que se antoja complicadísimo que, aun ganando las elecciones, pueda cumplir todo lo que ha dicho.

No me imagino a un joven que estudie en UNAM manifestando sin tapujos su apoyo incondicional a Enrique Peña Nieto. Seguramente sería victima de burlas o ataques verbales. Más grave sería que el joven decidiera responder a las burlas y ataques con sus razones (las que sean, en una democracia, es válido votar por quien se quiera, por las razones que sean) ya que seguramente sería víctima de agresiones.

Si usted cree que es una exageración, lo reto a que lo intente en la explanada o edificio de CU, FES o CCH de su preferencia.

En éste punto es cuando me pregunto, ¿Esa es la democracia que queremos? Criticamos al gobierno por no resistir críticas, pero nosotros mismos demostramos niveles altísimos (y preocupantes) de intolerancia.

“Que miedo me da que regrese el PRI a los Pinos”, dicen algunos. Sí, pero a mí me da más miedo que no gane López Obrador por la reacción que tendrán todos (o la mayoría) de sus simpatizantes. Seguramente dejarán olvidado en sus casas el poco amor que les queda y saldrán a las calles listos para una resistencia civil no tan pacífica.

Ojalá que esté equivocado. Ojalá.

En conclusión y regresando al tema de los medios y las elecciones, podría decirse que promover a un candidato no es lo mismo que promover un producto, aunque así pareciera.

Según Kurt y Gladys Engel Lang, en cuestión política, los consumidores de medios masivos sí saben lo que quieren (insisto, por las razones que sean) y con quién lo quieren, contrario a un producto, ya que según Vince Pakart en su texto “Cómo se persuade a los consumidores”, la gente nunca sabe lo que quiere, aunque así lo manifieste.

En pocas palabras, en cuestión de productos, la gente es fácil de persuadir y por lo tanto cambia rápidamente su decisión de que producto comprar o no comprar basado en los medios masivos, pero en cuestión electoral, la gente no cambia tan fácilmente su decisión, a pesar de lo bien orquestadas que puedan estar las campañas políticas.

Estamos sobrevalorando el poder de los medios y no estamos usando el poder que tenemos: el poder de la conversación personal.

Quiero aclarar que éste texto no representa las ideas ni forma de pensar de todo el staff de Pim Pom Papas, es una opinión personal del autor, o sea, yo. Omar, Chomarelo, como quieran. Me encantaría leer sus comentarios aquí o en mi twitter (@Chomarelo) o si prefieren mandarme sus opiniones de forma más privada, dejen un comment con su e-mail o envíenme un dm con el mismo y yo contestaré enseguida.

Y sí, estoy loco, ¿Ustedes?

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