Hiriendo suceptibilidades

Creo, o más bien voy creyendo, que la vida es un arte.

Desde levantarse cada mañana, tomar un baño, y todas esas cotidianidades de la vida, hasta pasar por lo apasionante (el deporte, el arte misma, los negocios), hacer cada instante especial tiene su gracia. A veces parece improbable que podamos hacer más intenso o distinto un momento de otro... después de todo, los humanos somos muy dados a conformarnos y volvernos rutinarios, autómatas y tontos.

No cosechamos lo que la vida nos da cada día. A cambio nos aferramos a sembrar sobre rocas. Está bien sembrar: el trabajo dignifica al humano y estamos diseñados para estar en movimiento. Sin embargo, a últimas fechas, en esta acelerada época informatizada y automatizada (que no aprovechamos a cabalidad) parecemos más inmersos en nuestros problemas y asuntos. Pareciera que no respiráramos, y efectivamente no comemos o dormimos. Entonces nuestra vida se vuelve tan vulgar, tan insensible, que no apreciamos cuando amanece, cuando anochece y cuando podemos disfrutar del descanso, de la familia y de los amigos.

En mi caso, al menos, así ha sido: tomo más responsabilidades de las que puedo (y de las que quiero). Y eso ha repercutido en mi salud, en mi vida emocional, y en mi mente. No, no estoy demente, sino un poquito trastornado; porque me he vuelto impaciente, intolerante, inflexible... intolerable. Quisiera decir intenso, pero sería demasiado. Creo que soy más mundano que distinto, y eso no tiene perdón si no hay arreglo.

Pero ahora te pregunto, ¡qué estás haciendo! Digo, al menos tengo un poco de humildad al reconocer mis fallas, pero muchos están catalogando, etiquetando, sin siquiera detenerse a ver su propia vida, que no es más que el espejo que refleja las fallas de los demás. Lo que más nos molesta en el resto es aquello que nos incomoda de nosotros mismos. Detente un momento y reflexiona... ¿tú de qué vas?

Pido disculpas compañeros y compañeras, pero tenía que ponerlo por escrito. Si te herí, me alegro, aun a pesar de mi disculpa, porque al menos moví algo en tu interior. No quiero perder tu amistad o tu relación, pero estoy dispuesto a hacerlo si es para un bien, no mío sino tuyo. Si no te herí y algo te llegó: gracias, porque entonces nuestra amistad es más fuerte que la hipocresía que todos acostumbramos.

Y lo repito: deja de criticar, de correr y de sufrir. La vida es un inmenso viaje. Disfruta tu camino.

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