El voyerismo en tiempos de las redes sociales

¿Somos todos acaso voyeristas?  Esa pregunta viene a mi mente recurrentemente, ya que en estos días en los cuáles vivimos constantemente sumergidos dentro de las redes sociales; hay una sensación de voyerismo que acecha a cada uno de nosotros, al estar expuestos en nuestro día a día y a publicar nuestro acontecer minuto a minuto vivimos bajo la observación casi meticulosa de la gente, se vuelven espectadores con bote de palomitas en mano y sentados en la comodidad de su sillón mientras hacemos de nuestra vida una telenovela.

Sí, ya se van a decir que pues es obvio eso, que al hacer tan publica nuestra vida estamos bajo el escrutinio de todo aquel que tenga acceso a una red social. Mi punto es cuanto nos aceptamos como voyeristas al estar pendiente de lo que publica la demás, porque aceptémoslo todos nos hemos regocijado con los dramas, traumas y desatinos de los demás, dirán que eso no es ser voyerista, que el voyerismo va con una connotación sexual ya que se obtiene placer al observar a otras personas teniendo relaciones sexuales, pero mi punto va en ese placer que se obtiene de la misma manifestación catártica que se observa a través de las redes sociales, basta con que echemos una miradita al perfil de alguien, esa curiosidad nata en el ser humano por indagar lo que los demás o alguien más está haciendo, está escribiendo, donde se encuentra, con quien se encuentra y muchos etc. Dirán que eso es estar “stalkeando” y si, puede ser cierta esa afirmación, pero creo que nace de ese instinto voyerista que muchos pueden tener.

El comportamiento como individuos ha cambiado mucho más a raíz del surgimiento de las redes sociales, muchos de aquellos seres inseguros encontraron un nicho para explayarse siguiendo en el anonimato y sin el contacto social directamente hablando, así como aquellos que tienen el caso opuesto y tienen un exceso de confianza y la explotan a través de las redes sociales, todo se convierte es una gran pecera en la cual todos parecemos peces observados a través del cristal, se vuelve ese placer el cual se da de ver como nadan los pececillos en un vaivén cuasi rítmico. Eso me ha llevado a analizar qué tan voyeristas somos, porque seamos honestos, cuantas veces no se piden las famosas “nudes” que tan de moda están, cuantas veces no revisan el perfil de su novio/a, “crush” etc. Con tal de encontrar algo, porque ahora ya la tendencia no es llamar, mandar mensaje u lo que sea, sino que se dejan mensajitos “al aire” para que se los adjudiquen, ven y revisan las miles de fotos y todo lo que contenga de información.

No sé, se ha vuelto una práctica tan común que ya no se le puede distinguir de una manera tangible el voyerismo, pero no nos hagamos pendejos, todos somos o fuimos o seremos voyeristas, porque está en la naturaleza humana o curiosidad humana si prefieren llamarle, se puede llegar a sentir y conseguir placer el espiar a los demás desde una manera tan impersonal como lo es a través de una pantalla, porque las maneras en las que nos comunicamos están cambiando, ya sé que van a salir los puristas que no, que ellos no necesitan o hacen eso y no se trata de juzgar a nadie si realmente se aceptan el papel de que son voyeristas y sienten un enorme placer y no gustan de dejar de hacerlo, simplemente expongo esta inquietud y duda de si realmente aceptamos el hecho de que nos hemos convertido en voyeristas a través de las redes sociales y darle rienda suelta a la imaginación con tal de satisfacer un deseo.

Nos convertimos en el personaje de Hitchcock en su película “La ventana Indiscreta” en la cual por el ocio y otras veces por aburrimiento nos dedicamos a “espiar” a la gente con las cual interactuamos, como dije es propio de la curiosidad humana el enterarnos de la vida de los demás, no sé qué cause ese impulso en el cerebro y en el comportamiento de las personas; pero si se hace más evidente en la actualidad que somos voyeristas, ya sea de clóset o abiertamente lo promulgamos. Seguiremos observando cómo se van adecuando los métodos en los cuales nos vamos comunicando y creo que irán surgiendo otro tipo de filias que antes estaban destinadas a vivirse en la clandestinidad y se adaptaran a nuestro medio de vida digitalizado en el que vivimos sumergidos y alienados día a día.

Alfonso Casarrubias

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