El efecto ajedrecista de la vida

Esta vez voy a escribir de un juego que en lo personal me apasiona y que aunque no se crea tiene una relevancia y aplicación en nuestra vida diaria, el ajedrez.

Comencemos hablando un poco y de manera general en que consiste el juego para todos aquellos que nunca hayan tenido ni siquiera el mínimo contacto con este juego tan apasionante. El juego se desarrolla en un tablero con sesenta y cuatro casillas alternadas una de otra, blancas y negras y se juegan con 32 piezas, que son el rey, la reina, dos caballos, dos alfiles, dos torres y ocho peones, cada una de las piezas en los dos diferentes colores y se juega contra un rival donde la estrategia es la base principal del juego. Ya habiendo explicado de una manera muy general del juego, ahora si les va toda mi explicación del efecto ajedrecista de la vida.

Comencemos diciendo que en este ejemplo, cada persona va a representar o representa o ha representado a cada una de las piezas del ajedrez, dependiendo del momento de su vida y situaciones por las cuales ha pasado o está pasando, tal vez haya mucho de mí en esta columna ya que como apasionado del ajedrez puede llegar a ser inevitable no poner mucha de mi personalidad o situaciones vividas.

El primer acercamiento que tuve con el juego fue a mis ocho años, ya que mi profesor de quinto de primaria en esos tiempos, ya muy lejanos, como método de concentración y de mantener ocupado al grupo (ya que mis compañeros, de los poco que recuerdo eran más que inquietos) comenzó a enseñarnos a jugar ajedrez, como niño y para mantenerte concentrado y divertido, nos hizo hacer nuestro propio tablero con una cartulina y las fichas con corcholatas aplastadas y pegándole el color y tipo de pieza que representa a dada una en el juego; después de esto comenzó a enseñarnos las reglas y movimientos de cada una de las piezas del ajedrez, aquí yo ya sentía una curiosidad infinita por este apasionante y no lo voy a negar hasta frustrante juego, ya que no me gusta perder en nada a tal grado que hasta la fecha es el único juego que me gusta y disfruto y si talvez sea ñoño, pero bueno ya toda esta fue una larga introducción a lo que realmente quiero explicar en mis letras, así que comencemos.

Todos en alguna parte de nuestra vida hemos sido una pieza de ajedrez y ni siquiera nos hemos dado cuenta, ya que para llevar el día a día hay que tener siempre una estrategia para enfrentarnos a cada situación, problema, suceso etc. El cual se nos presenta en nuestro diario acontecer, cada uno hemos sido peón, caballo, alfil, torre, rey o reina, dependiendo de la importancia del rol en el cual estamos llevando a cabo en esos momentos.

A cuantos de nosotros (hablando de manera hipotética) no nos ha sucedido en que estamos ya sea en un salón de clases, trabajo, relación o grupo de amigos donde se termina siendo el peón (y no lo digo de manera despectiva) ya que siendo la pieza de “batalla” del ajedrez y aunque se le vea como “la carne de cañón” ya que son los principales sacrificados sobre el tablero, pero bueno, continuando. Ya sea que nos encontremos en cualquiera de las situaciones que acabo de mencionar la gente o gentes que se encuentran alrededor creen o suponen que somos esta pieza y que somos fácilmente sacrificables o utilizados para conseguir sus fines frente al oponente. Aquí comienza el juego de la estrategia para observar quien sabe mover sus piezas, tu rival cree que eres el peón, pero si sabe observar te darás cuenta y contratacaras para revertir esa situación, digamos que el peón es aquel que solamente avanza de casilla en casilla, siempre hacía el frente y come a su oponente en diagonal, o sea va lento pero como en todo ejercito la primera línea hacia el frente es la más importante ya que la que da la pauta a la batalla.

Continuamos con la caballería, esa parte que llega a ser imponente y avasalladora, como toda caballería pueden ser aquellas personas narcisistas, ególatras, que no importa “el por qué” sino “el como” lograr sus objetivos, el caballo en el ajedrez es una pieza clave para el avance de la partida, aunque este “come” a sus rivales de manera diferente que el peón, siempre avanza tres casillas en forma de L, podemos hacer una analogía con las personas arriba mencionadas, muchas veces nos podemos identificar ya que ¿Cuántos de nosotros no hemos hecho o nos hemos llevado a personas entre la grupa en la cabalgata por conseguir nuestros propósitos? Pues bueno el caballo, va por el tablero de ajedrez brincando de casilla en casilla devorando a las piezas rivales para minar el poder de su contrincante, ¿No les ha sucedido que encuentran este tipo de personas en diferentes situaciones de la vida? A cuantos de sus compañeros de escuela o trabajo no han odiado porque no le importan las consecuencias para lograr su cometido, pero tienen un punto débil y eso es su egolatría y el sentirse poderosos ante su rival, pero la historia nos ha enseñado que no hay enemigo pequeño y hasta el ejército más poderoso ha sido vencido por un rival de “menor” tamaño.

Seguimos con la torre, esa pieza que parece ser la roca que sostiene la partida, al igual que la familia, los amigos o esas personas que son importantes en la vida, es imbatible a la hora de atacar, aunque tiene sus limitantes, ya que solo avanza de manera vertical y horizontal y no lo neguemos así avanza la familia o los amigos que cuando te dicen como guiar tu vida casi siempre es de una manera “cuadrada” (horizontal y vertical hasta completar el cuadrado) ¡Ah! Pero eso si son fieles defensores en el momento que te sienten vulnerable o invadido, es cuando se genera “el enroque” que es ese movimiento en el cual la torre toma la posición del rey (UNO ES EL REY) para defenderte del ataque del oponente, aunque sabemos o creemos saber que eso muchas veces o casi nunca es lo más recomendable, porque al atacar a la torre quedas vulnerable y como las personas de tu vida casi siempre te dejan indefenso sin saber enfrentarte a los riesgos, por esa misma razón el enroque no es de mis movimientos favoritos durante la partida de ajedrez, ya que hay que tomar riesgos para avanzar.

En seguida seguimos con el alfil, ¡Oh el alfil! De todas las piezas del ajedrez es la más conflicto siempre me ha causado, ya que para mí representa la parte moral y religiosa de la vida, es ambiciosa es sus movimientos y lo hace de manera diagonal y avanza todas las casillas que desee, se sabe esconder entre los rendijas sociales y morales y no es casualidad que se encuentre exactamente a lado de la reina y el rey, sus intrigas, sus consejos, su palabrería siempre ha manipulado la mente del hombre o ¿Acaso a ustedes no les han tratado de lavar su cabecita con la falsa moral según su conveniencia o que su “líder religioso” les diga lo que es bueno y malo? Pues si, como hemos podido observar a los largo de la historia los líderes religiosos, en este caso el alfil han tenido un papel preponderante en la historia del mundo, donde el poder y las intrigas siempre van disfrazadas de las buenas intenciones y aprovechándose de la incredulidad de la gente, es por eso que cuando el alfil ataca a su oponente lo hace de manera aballasadora y sin remordimientos

Ahora viene la reina, ay esa reina, si ¡Ay esa Reina! En este caso no entraren pedos de complejo de Edipo ni nada por el estilo, casa quien tiene sus pedos con sus madres, pero aquí no viene al caso, dejémosla en que la reina será “toda aquella mujer que amas”. La Reina en el tablero cumple uno de los papeles más preponderantes durante la partida, es la estratega y la que tiene el pleno dominio del tablero y del juego, puede moverse como se le dé la gana y utilizar todos los movimientos de todas las demás piezas. En teoría su papel es defender a su Rey a capa y espada, y eso se puede esperar en una pareja y ACLARO NO ME REFIERO A ELLAS DE MANERA MISOGINA, NI MENOSPRECIANDOLAS. Pero seamos honestos y aquí si viene a colación nuestras cabecitas de algodón, aquella mujer que te educa y te da los principios para llevar tu vida de la manera “correcta” pero bueno, a lo que voy, nuestras vidas giran desde que nacemos alrededor de una mujer, en muchas ocasiones no se les da el reconocimiento que realmente merecen, en el ajedrez al contrario tienen el rol principal dentro de la partida, pero bueno, digamos que todos y cada uno de los hombres de este planeta intenta encontrar a su “Reina” y no lo hablo en el sentido Nobiliario o cursi de la palabra, sino en esta pieza de ajedrez que es la que le da estabilidad a la partida, donde es totalmente agresiva, valiente, no teme enfrentar a las piezas contrarias con tal de obtener sus objetivos y la neta la mayoría de las mujeres así son y no lo digo de manera grosera o despectiva, sino que está en sus genes el no rendirse, bueno esta parte es un pequeño homenaje a ellas.

Y para finalizar este escrito sobre el efecto ajedrecista de la vida, cerramos con el Rey, con esa pieza tan poderosa y al mismo tiempo tan vulnerable, porque seamos honestos ¿Qué hombre en este maldito mundo no es vulnerable aunque tenga que poner carácter de fuerte y poderoso? Como seres humanos y a través de siglos de evolución y conductas sociales se ha adoptado la idea, aparte por el instinto primario animal, que el hombre debe ser el protector, proveedor, el del carácter y si, así es, pero en muchas ocasiones se olvida y eso lo acepto es parte de las relaciones sociales entre hombres, donde no se reconoce que también es un ser humano con sentimientos y defectos y que muchas veces no puede ser el poderoso que aparenta ser. Es por eso que el Rey en la partida de ajedrez solo avanza de una casilla en la dirección que este quiera, y siempre debe estar protegido por algunas de las demás piezas del ajedrez ya que por si solo no puede defenderse ¡Vaya ironía! Siendo la pieza central del juego no puede defenderse por si mismo, sino que necesita de todo su entorno para ser quien es y he visto a lo largo de mi corta edad que así es comportamiento de los hombres en general, así que al estar en la lucha encarnizada de la partida de ajedrez siempre el objetivo es matar o logar jaque mate contra el rey y aquí a cuantos ¿No les han hecho un jaque mate en algún momento de su vida? Si responden que nunca, sabré que viven en negación con ustedes mismos y que no saben ni puñetera idea de lo que es la vida o el efecto ajedrecista de la vida.

Alfonso Casarrubias

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