El Courier

Yo la amaba desde hace tiempo, pero no había podido verla, ella me amaba desde hace tiempo sin embargo me veía.

Consideraba que la situación me dejaba en desventaja, así que opté por buscarla, con lo poco que me había contado, armado de valor y un uniforme de Courier, me lancé a su búsqueda.

Con el corazón palpitante, la respiración agitada y un nerviosismo poco usual en mi, tocaba de puerta en puerta buscándola en enamorado afán. En cada lugar que preguntaba por ella me veían con extrañeza, no sé si por mi visible ansiedad o por lo poco común de su nombre: Galadriel.

Después de varios intentos llegué al fin al lugar deseado, cuando pregunté por ella me permitieron pasar al decir que la entrega era personal, subí las escaleras y al entrar en su oficina, la reconocí inmediatamente, vestida de blanco y negro, su cabello en un chongo, su verde mirada concentrada en su trabajo.

Tras de unos breves segundos de aguantar la respiración para recobrar el pulso, grabe en mi memoria esa bella imagen, al fin la tenía frente a mí y la contemplaba arrobado por su encanto y dedicación a lo suyo.

Di unos cuantos pasos antes de que nuestras miradas se encontraron, me reconoció, trato de sonreír pero la sorpresa se lo impidió, solo alcanzamos a comernos con la mirada, nos sentíamos felices del encuentro.

Le entregué el paquete cerrado, una caja de chocolates y una tarjeta con un poema en su interior, al tomar el paquete rosó mis dedos sutilmente con sus dedos, una fuerte descarga sentimos al instante, todo ocurría como en cámara lenta. Siguiente paso, con voz clara y pausada le extendí la tabla solicitando nombre, firma y fecha, nuestras manos se tocaron bajo la tabla y nuestras miradas se encontraron al terminar ella de llenar los datos. El tiempo se detuvo.

Todo estaba perfecto, hasta que por un impulso incontenible besé su nombre que recién había escrito en el recibo del paquete, ella me sonrío con picardía y yo le sonreí enamorado.

Me retiré pausado y al estar afuera de su oficina, me di cuenta que había olvidado darle las gracias y estrechar su mano, que gloriosa oportunidad desaproveché, pero no importa porque todo lo demás valió la pena.

Ahora me encuentro pensando qué le llevaré la semana siguiente, un ramo de flores, rosas rojas quizás…

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