Doloroso momento

A casi todos nosotros nos han dicho: Gracias, pero ya no necesitamos de sus servicios. Un momento doloroso. Escuché una historia de un (ex)empleado que tuvo que pagar el almuerzo mientras lo despedían. ¿Por qué? Por políticas del club donde citó a su todavía patrón.

Eso de que la gente renuncie también es un caso muy interesante: desde los que se van indignados hasta los que tienen que pedir disculpas antes de irse.

Pero lo que casi nadie ha sentido (casi nadie, digo, porque casi nadie ha sido empleador o patrón -que no es más que lo mismo-) es el terrible dolor de despedir a alguien.

Pasando una vez por la experiencia, siempre es un poco más sencillo el asunto del trauma inicial que significa decir: "Tengo que comunicarle algo. Es preciso que prescindamos de sus servicios". A veces esto significa que la persona en cuestión ha tenido un magro desempeño, o bien que ha cometido una falta grave. Quizá nuestra empresa está pasando por una reorganización y muchas de las personas lamentablemente tendrán que sentir lo triste de escuchar estas palabras. Pero cuando nosotros somos los que decimos las palabras, irremediablemente sentimos que estamos matando parte nuestra con las mismas.

No importa cuán entrenados estemos, siempre es un momento doloroso. O cuántas veces lo hayamos hecho (a menos, claro, que no tengamos corazón).

Hoy a horas más decentes tendré que decir, una vez más, estas palabras. Lo merece, pero créanme que es casi un castigo para mí.

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