De adioses forzados y otras bestias

"A mí nunca me han dejado, ni yo he cortado. Ni tengo un amor que me haya marcado".
—Nadie, nunca.

Creo que todos hemos pasado por "el amor de nuestra vida", y que muchas veces lo renovamos cada año, o por lo menos cada 4 relaciones. Sin duda, todos hemos pasado por ese momentito de dolor, que a veces dura unas horas, unas semanas, o en casos muy serios, quizá los que realmente hablan de sus verdaderos amores de la vida, un par de años, periodo que dura el duelo, al menos en la teoría.

El tema se nos complica cuando somos los dejados, o cuando nos cambian por alguien. Y entonces los amigos en común, que no saben qué partido tomar, no nos cuentan que ven a nuestro sweetheart acarameladísimo con otra persona. Tremendo golpe. Pero no nos quieren ver sufrir, porque o son cobardes, o no entienden que a veces la verdad duele de chingazo, y mucho, pero menos que una mentira prolongada por más tiempo.

A veces, tomamos las cosas "como vienen", pero a veces, ni siquiera nos damos cuenta de en qué momento terminó todo. O sencillamente, nos encanta el drama, hacemos una tormenta de un vaso con agua, y creemos que ya se nos fue la persona que, quizá sí, sea de nuestros sueños, pero que no tenemos las agallas de perseguir (ojo, chavas, también ustedes tienen que luchar, si no quieren siempre, al menos de vez en cuando).

Hace unos meses, cuando Spotify abrió la posibilidad de uso en México, buscaba material de Jarabedepalo, y de casualidad encontré este grupo, que es una maravilla. Puerto Rico produce más que reguetón (gracias a Dios), y muestra de ellos es este grupazo, Black Guayaba.

Cuando escuché por primera vez "Tú lo sabes bien", me cayó como anillo al dedo: tenía algunos meses de mi último mayor fracaso, y recientemente había terminado con una chica que, aunque "pudo ser", dijera la canción de Alberto Plaza, no fue, y así.

Doble tanto para la canción en ese momento. Lo reciente y lo pasado. Juro que me alejé de las galletas de animalitos y las hojas de lechuga. Seguro las usaba de armas punzocortantes y no les contaba la histeria de mi vida. Pero como sobreviví, y la verdad es que las dos historias tuvieron su "por qué" para acomodarme la rolita, me aficioné al grupo y, oiga, les recomiendo mucho que los sigan.

Sin más mafufada les dejo el audio por Spotify:

Y el videíto oficial por Llutuv.

Nomás no se me suiciden, de amiguitos.

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