¿Cuánto duele$?


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Duele,
duele el coraje de ver correr más sangre en un sólo día
que lo que duró todo un sexenio sangriento.

Duele el alma,
duelen los labios,
duelen las palabras,
duele el cuerpo gastado de tanto sufrir,
de tanto observar.

Duele escuchar,
escuchar quejidos
 y lamentos,
deambulando a un lado de los fantasmas heridos.

Permanece el dolor en cada paso que se ejecuta a un hombre,
a un niño,
a una mujer,
a un anciano.

Duele decir México,
porque hay un titubeo en los labios,
y la quijada tensa
con el rostro desencajado.

Duelen las lágrimas al salir de su guarida,
esperando tanto tiempo
a ser derramadas
sin esperar a que se derramen con sangre.

Duele la sangre,
la sangre que se pisa,
la sangre que huele
la sangre que no se ve
al no saber
ni cuándo
ni de quien es.

Duele la indiferencia,
el hartazgo de los que siempre luchan
y siempre son derrotados
y los que nos derrotan sin luchar.

Duele la mirada,
miradas que ya no encuentran a otras miradas,
porque miran al suelo;
tal vez dolería menos
si todos camináramos mirando hacia arriba,
incluso mirando sentados,
heridos
o postrados al ras del suelo.

Duele la ironía,
la impotencia,
el odio....

El odio también duele,
porque duele saber
que puedes odiar al otro,
sin saber si al otro
también le duele.

Duelen los vidrios que son pisados al caminar
por las avenidas principales,
y hacen cruak, cruak!!
con cada pisada que uno camina.

Duelen ver las calles solas,
sin el reír de los niños,
sin en folclore de la gente.

Duele ver como son los mismos
los que arreglan las calles
y reconstruyen lo hecho por los violentos,
sin darse cuenta los que violentan
que son ellos mismos
los que recogen los cadáveres,
los vidrios rotos,
las ventanas abiertas,
las puertas quitadas,
el fuego apagado,
las miradas perdidas,
somos los mismos;

¿Y los otros?
¿Dónde están los otros?
aquellos que no vemos en las calles,
que mandan limpiar, arreglar, poner, quitar, arrestar, ejecutar,
desaparecer, violentar, ofender
y destruir,
ellos nunca muestran sus rostros,
nunca se exponen,
nunca aparecen,
nunca... están.

Duele verlo,
duele sentirlo,
duele vivirlo,
duele pensarlo,
duele no hacer nada,
duele hacerlo todo,
y a la vez no es nada.

Duele ser humano,
tratando de convivir con otros humanos
y olvidándonos de lo que nos hace humanos.

Duele ser el padre del hijo que nunca llegó a casa,
el abuelo del nieto que no podrá volver a sonreír,
la madre que busca a su hijo entre los escombros,
el compañero que ayuda al amigo en desgracia,
el policía que es obligado a matar por unas migajas,
el trabajador que debe arreglar las calles o lo despiden,
el caminante que tiene que pasar desapercibido para no ser golpeado,
el periodista que es silenciado con su propia vida,
el niño que debe abandonar la inocencia,
la pareja que busca el susurro de amor entre los solitarios,
el país que siempre piensa en un mejor mañana...

Todo duele, duele todo,
pero duele más, que el día de mañana,
deje de doler....

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