¡Cobarde, valiente memoria!

Es de noche. Las luces todavía no han sido apagadas. Quizá haga falta que amanezca para que lo hagan. Estamos solos tú y yo, en este lugar regularmente tan concurrido, tan lleno de todos, tan vacío de nosotros. Estamos solos, sigo, esperando sentir nuevamente algo por tu prescencia yo, esperando que mi respuesta sea la que esperas, tú.

Hoy no hay luna, y las pocas estrellas que dejan ver los restos de la contaminación del día son tapadas, casi siempre por nubes que no tienen forma, ni siquiera de corazón roto...

Me pides que vuelva contigo. Dime tú que me darás si regreso a tu lado... ¡a buena hora vienes a curar el corazón que destrozaste! Y la cobarde, valiente memoria, surge de las cenizas del pasado reciente. Vamos: el recuerdo de mis heridas, de tus heridas, del terrorismo que nos provocábamos a cada dos, a cada cuatro, a cada diez. Ara ja no és hora...

Y todavía preguntas si fui feliz. Cuando reíamos, cuando cantábamos, cuando besábamos, cuando amábamos... qué bonito es recordar los buenos tiempos. Es ignorar el vómito de rencor que lanzaste unos días antes, como si nunca hubieras faltado, fallado... Si quieres te escribo una lista con nombres y camas, ¡cómo tienes valor de llamar a mi casa a ver qué me pasa! No tienes remedio, ni tienes perdón.

A mí, me aplastaste con el más leve desliz, con el pequeño tropiezo de un beso una noche que no trascendió más allá. Pero olvidaste, siempre y sobre todo en aquél momento, tus salidas, tus cardenales en el cuello, o en otras partes del cuerpo, o aquella vez que me dejaste porque salías, desde antes con alguien más. No tienes corazón.

Claro, no puedo olvidar las cenas en el café, las flores rojas un día cualquiera sin un motivo que no fuera el amor que te tenía... que quizá, por mi desgracia y maldición, te tengo y te tendré. Claro que no olvido tus caricias, tu aroma, tu aliento, ni nada. No olvido nada. Y de perdonar se perdona, pero de permitir, de eso se trata...

Y sí, desdichado, fui feliz, en las cenas, en las caricias, en las sonrisas, en los besos, y hasta en los abandonos. Lo fuí.

Pero esta cobarde, valiente memoria, no va más.

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