Acerca de mi carácter y el papel arrugado

Antes de comenzar con esto voy a comentar algo de mí: resulta que no sé como ser amigo. Esa es mi verdad y toda mi vida la he pasado esforzándome por aprender a ser uno. Muchas de esas veces que me esforcé fracasé. Y comprendí que mi carácter es irrepetible, aunque suene justificatorio. A todos los que considero mis amigos, espero que logren ver en mí a ese que no he logrado ser: su amigo.

Otro: no soy de los que acostumbra ni a llamar por teléfono ni a enviar mails. Mi familia entera lo sabe. No es por ser desatento. Simplemente si quiero demostrar algo lo hago frontalmente, vamos, en persona. Y si las circunstancias no están dadas, pues raras veces hago lo primero. Y justamente eso se me reclama: lamento lastimarlos de esa forma. Acéptenme un poco más.

El último comentario que hago es que ya no voy a enviar forwards de los mails que recibo. Mejor los pongo aquí, y espero que visiten más este espacio que más que mio, es de ustedes: mis amigos y aquellos a quienes amo. Yo no quiero a nadie, que conste.

Ahora sí: este texto es de Rodrigo Alejandro Sanz (nada que ver con el cantante) y amablemente me lo hace llegar a través de su lista de correos. En un futuro les informaré acerca de las actualizaciones de mi blog por ese mismo sistema, así que manténganse pendientes. Recomendado que lo lean hasta el final.

Mi carácter impulsivo, cuando era niño me hacia reventar en cólera a la menor provocación, la mayoría de las veces después de uno de éstos incidentes, me sentía avergonzado y me esforzaba por consolar a quien había dañado.
Un día mi maestro, que me vio dando excusas después de una explosión de ira, me llevó al salón y me entregó una hoja de papel lisa y me dijo ¡Estrújalo!.
Asombrado obedecí e hice con el una bolita.

Ahora -volvió a decirme- déjalo como estaba antes. Por supuesto que no pude dejarlo como estaba, por más que traté el papel quedó lleno de pliegues y arrugas.

El corazón de las personas -me dijo- es como ese papel... La impresión que en ellos dejas, será tan difícil de borrar como esas arrugas y esos pliegues.

Así aprendí a ser más comprensivo y paciente. Cuando siento ganas de estallar, recuerdo ese papel arrugado.

La impresión que dejamos en los demás es imposible de borrar...Más cuando lastimamos con nuestras reacciones o con nuestras palabras...Luego queremos enmendar el error pero ya es tarde... Alguien dijo alguna vez "Habla cuando tus palabras sean tan suaves como el silencio".

Por impulso no nos controlamos y sin pensar arrojamos en la cara del otro palabras llenas de odio o rencor y luego cuando pensamos en ello nos arrepentimos. Pero no podemos dar marcha atrás, no podemos borrar lo que quedó grabado en el otro.

Muchas personas dicen:

  • Aunque le duela se lo voy a decir..., -La verdad siempre duele..., -No le gustó porque le dije la verdad..., etc. Si sabemos que algo va a doler, a lastimar, si por un instante imaginamos cómo podríamos sentirnos nosotros si alguien nos hablara o actuará así...¿Lo haríamos?
    Otras personas dicen ser frontales y de esa forma se justifican al lastimar:

-Se lo dije al fin..., -para qué le voy a mentir..., -yo siempre digo la verdad aunque duela...
Qué distinto sería todo si pensáramos antes de actuar, si frente a nosotros estuviéramos sólo nosotros y todo lo que sale de nosotros lo recibiéramos nosotros mismos no?

Entonces sí nos esforzaríamos por dar lo mejor y por analizar la calidad de lo que vamos a entregar...
Aprendamos a ser comprensivos y pacientes..Pensemos antes de hablar y de actuar...

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