Pasó ya algo así como un mes desde que no utilizo -directamente- la red social twitter. Un mutis perpetuo se apoderó de mi cuenta. Apenas hace unos días me dijo AbejitaLM que debía llegar a los 5000 twitts. Y como el twitt 5000 venía a ser ni más ni menos el resumen de mi experiencia, y dejar un leve mensaje a la comunidad twittera, según lo aprendido, pues aquí estoy: tarde pero seguro, como siempre, cumpliendo mi palabra.

La comunidad tuitera (sí; no como lo escribirían ellos, sino como lo pronuncio yo), es una comunidad muy extensa, impredecible. Nos deja muchas emociones encontradas. Nos permite conocer desde la gente más propositiva hasta la más inútil, porque de que la hay, la hay. También nos encontramos a la fauna propia de internet, como los trolles, los antropólogos, fascistas… de todo. Baste ver a un periodista de izquierda que inunda las timelines de los tuiteros que osan seguirlo (yo lo bloqueé), o a los respetables Miguel Carbonell, Angélica de la Vega, o los tuiteros ácidos, de guerra de letras, que comunican exclusivamente -o casi exclusivamente- su sentir, su diario venir… sus pensamientos tal cual.

La lista es larga. Solo es seguirme y ver los ejemplos de tuiteros que puedo dar. Tuiteros que pueden -o no- aportar un beneficio a cada uno de nosotros, pero que poco a poco van colándose en nuestras vidas privadas. Algunos y algunas, por cierto, de tal forma, que llegan a nuestra vida real para quedarse, y otros, claro que muchos, solo llegan a “hacernos el día”.

Sin embargo, tengo una gran desazón de tuiter. Y como ni soy su creador, ni soy un lider dentro de la comunidad (que los hay, aunque nadie los nombre), ni pretendo serlo. Es más. Quizá después de esto, muchos me dejen de seguir. Y no me quita el sueño.

Lo primero que veo es que, a pesar de todos los recursos que se le han diseñado a tuiter, los tuiteros se centran en NO utilizarlo para un fin provechoso -además del mero esparcimiento-, eliminando con ello muchas de las ventajas que posee tuiter. Digamos que muchos usuarios dejan temas de lado que afectan, temas donde uno debe pronunciarse, solo para “echar chacota” como decimos los mexicanos. El ruido es impresionante.

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Lo siguiente que me molesta, es la divez (que si bien el vocablo probablemente no exista, saben a qué me refiero) con la que se conducen algunos “líderes de opinión“, o “estrellitas tuiteras” como dicen en el medio. Esta gente, además de no generar más que un millón de mensajes -medianamente coherentes- parece que gastan su vida pretendiendo que el universo mismo gira en torno a ellos. Vanagloria y soberbia.

Pero lo que realmente me ha disgustado, y me ha mantenido mucho tiempo en silencio, es la falta de VERDADERO contenido. Como no sea un periodista, un verdadero líder de opinión, o un empresario, la mayor parte del tiempo los tuiteros se dedican a la vanalidad absoluta. Y es que sí me interesa saber que mis amigos se lo pasan muy bien -o muy mal, o todas las tintas intermedias-, pero me interesa también saber qué opinan sobre temas tan importantes como #ACTA. Y es que #internetnecesario nos dejó una enseñanza tremenda: el colectivo global vuelve a tener una voz protagónica. Quizá equivoqué el enunciado: el colectivo global AL FIN tiene una voz protagónica. Es impresionante (e imperdonable) que nos vivamos la vida haciendo de cuenta que nada nos afecta. Ese tiempo ha terminado.

Por contenido, por cierto, no me refiero a generar largos posts en un blog y luego tuitear sobre de eso. Más bien, el contenido que podemos encontrar en tuiter está relacionado más con ideas, con compartir experiencias y conocimiento rápidamente. Está también en comentar lo dicho por alguien, porque a todos nos interesa. Es recomendar algo, o francamente vomitar nuestro coraje por alguien, y que los demás (que son también tan personas como nosotros mismos) nos edifiquen con sus pensamientos, y cómo no, con sus diferencias de pensamiento.

La voz absoluta dejó de existir, y nosotros debemos aprovechar nuestra nueva voz. No es posible que solamente nos dediquemos a juguetear entre nosotros, lo que no deja de ser algo bueno, pero no único. Un ente inexistente que cobra(ba) vida en tuiter lo dijo: La gente nada más utiliza tuiter para hacerse pendeja.

Qué razón tiene.

 
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