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Coffee break

Martes, 27 de Octubre de 2009
Eran las 3 de la tarde, a Ignacio ya se le hacía raro que Andrea no llegará. Se habían citado a las 2 de la tarde en el starbucks de la zona rosa. Ignacio miraba su reloj, cada vez más frecuente, como si por alguna confusión el reloj le marcaba la hora equivocada, incluso en dos ocasiones preguntó la hora para estar seguro que su reloj no le mentía.

Una de las chicas que estaba de encargada de la caja, le había preguntado al momento de llegar si se le ofrecía algo, pero Ignacio sólo contesto: – Ahorita pido, estoy esperando a alguien.
Se había sentado justo en la esquina derecha de la entrada, para no perder ningún detalle, quería poderle abrir la puerta a Andrea para darle la sorpresa cuando ella llegara. No tenía idea de cómo iba a reaccionar, sobre todo porque había cometido el error de no enseñarle realmente quien era.

Ya eran las 3 con 10 y ella no llegaba, la chica que le había preguntado si le podía ofrecer algo pasó a limpiar la mesa de al lado, y no pudo evitar ver con tristeza a Ignacio, que se veía ya desesperado por no ver indicios de Andrea. La chica volvió a su lugar, y le dijo a su compañera que hacía los cafés, que le había pedido un capuchino el chico de la mesa de la entrada.

Ignacio ya no sabía qué hacer, supo desde el principio que tenía que haberle enseñado en la foto que le mando quien realmente era, pero por temor a ser rechazado le mando en vez de una foto suya la foto de uno de sus amigos, el cual siempre tenía suerte con las chicas. Sacó de su bolsillo su celular y se fue a la carpeta de imagenes, ahí tenía la foto que Andrea le había dado para reconocerla. En la foto, Andrea salía con el cabello recogido, en una foto que se había tomado en su cuarto y con la cara iluminada por el flash de la cámara. La foto se la tomó en color sepia, y era la única que le había mandado.

Andrea e Ignacio se conocieron en el blog que él tenía y en el cual subía sus ensayos, cuentos y poemas o lo que se le viniera a la mente. Andrea llegó por casualidad a su blog mientras buscaba información sobre un autor del cual Ignacio había utilizado como referencia. Andrea al leer el texto se sintió complacida con lo que leía y decidió poner un comentario de admiración hacia su persona y le había dejado su correo electrónico para seguir en contacto. Ignacio al ver la contestación la agregó a su lista de amigos y comenzaron a conocerse.

Los días pasaron y con ello la conversación entre ellos se hizo más frecuente. Encontraron puntos en común y se quedaban horas platicando. Después de dos meses de intensa plática decidieron que ya era momento de conocerse. Andrea escogió el lugar y la hora e Ignacio accedió sin pensarlo 2 veces.
Ya eran las 3 con 20 minutos, Ignacio estaba tan enfadado por creer que lo habían dejado plantado, tomó su mochila y su celular que había dejado en la mesa y estaba dispuesto a irse; justo antes de levantarse de su mesa la chica de la caja le trajo el capuchino. Ignacio le contestó que no había pedido nada, a lo que la chica contestó: – No te preocupes, es de mi parte.

Ignacio se volvió a sentar, se sintió apenado por el detalle que la chica había tenido con él y le agradeció por el capuchino, la chica le sonrió y le preguntó si estaba bien, Ignacio le dijo que ahora ya lo estaba, y que no tenía sentido hablar sobre el tema.

La chica se regresó a la caja, meditando sobre algo que tenía que ver con Ignacio, pero no le dijo nada. Ignacio tomó su capuchino con calma, ya sin siquiera pensar en Andrea. Una vez que lo terminó, se dirigió a la caja, y le preguntó a la chica que cuanto era, la chica le dijo que en verdad no era nada, que era un regalo de ella para él. Ignacio aceptó, y antes de irse, sacó de su mochila una pluma, y con la servilleta que le había dado la chica junto con el capuchino, escribió su nombre y su correo, y agradeciéndole por haberle hecho el día de una manera tan simple.
Una vez que terminó de escribir la nota, quería dársela en la mano de la chica, pero ésta ya estaba ocupada atendiendo a dos clientes. No quiso molestarla, y dejó la servilleta al lado de la caja registradora mientras ella estaba distraída atendiendo al primer cliente, una vez hecho esto, salió del Starbucks con la intención de no volver a pasar por ahí.

La chica una vez que terminó de atender a los clientes, se dio cuenta que había una servilleta al lado de la caja registradora, pensó que uno de los clientes la había dejado ahí por falta de respeto, y la fue a tirar al bote de basura. Regresó a la caja, y se sintió mal al no ver al chico con el cual había quedado de verse. Su amiga, que justo estaba sirviendo un café, notó la cara de tristeza de la chica, y le dijo: – ¿qué tienes?, ¿porqué estas así?

-Por nada. Contestó ella. –Supongo que ya no llegó.

Su amiga le contestó: – ahhh amiga, le hubieses dicho que trabajas aquí y santo remedio, era más fácil que darle la sorpresa cuando se conocieran

La chica contestó: -Si, pero ya es muy tarde y ya no creo que llegue, que mala onda de su parte, yo realmente quería conocerlo. Por un momento creí que era el chico que estaba sentado en la entrada, pero no podría haber sido él, no se parecía en nada al de la foto.

Terminó la conversación y volvieron a sus actividades de servir café y limpiar las mesas, mientras que se veía en su broche de empleado el nombre de Andrea con letras negras en un uniforme verde, del cual nunca se fijó Ignacio por estar pensando a qué hora entraría Andrea por la puerta de entrada.

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