Recuerdo cuando hace ya 10 años la música electrónica en México empezaba a tener otros tintes de estilos y sonidos más envolventes que los que llegaban a darse con la música dance de esa época. En esos tiempos la música electrónica contenía fuertes bass-lines al igual que ritmos pegajosos y secuencias de ritmo bastante aceptables. En los antros se tocaba mucho el género dance al igual que los nuevos sonidos houseros que provenían de Europa, sobre todo de Francia, Inglaterra y uno que otro exponente de Estados Unidos. Mientras que en países como Alemania, Holanda e Italia empezaban a llegar nuevos estilos con el género Trance, el techno y el house progresivo. Exponentes de la talla de Paul Van Dyk, Mauro Picotto, Mario Piu, Sasha, Carl Cox, Digweed, Timo Mass, Green Velvet, Orbital, Tomcraft, Underworld entre muchos otros salían del anonimato y traían sonidos completamente  únicos y sofisticados comparados con la música comercial que se escuchaba en ese momento como Factor X, Dj Bobo, Station 20/7, Sash! Y muchos otros que ocupaban las listas de popularidad en las estaciones de radio.

El psytrance a pesar de tener más de una década de existencia desde que la empecé a escuchar, lo poco que llegaba a mis manos realmente no le daba mucha importancia y mucho menos le había adquirido el gusto debido  al poco atractivo que le tenía a un sonido más fino y matices más hipnóticos. Precisamente mi primer CD de psytrance era de Space tribe, un verdadero ícono en la escena al cual llegué sin saber cómo. Cuando puse el compacto una de las canciones se quedó en mi memoria como si una ráfaga de impacto ensordecedor triturara toda mi experiencia que tenía sobre la música que había escuchado durante toda mi vida. El sonido se mezclaba con ecos alucinantes mientras el bajo no me permitía estar inmóvil y me conducía a un viaje donde cada vez que volvía a escuchar la canción encontraba nuevos elementos que interactuaban con mi oído y mi inconsciente, a eso le sumaba esos sampleos únicos que hacían enchinar mi piel mientras la voz  melódica y casi mística que decía una y otra vez en diferentes  partes de la canción “You could be Shiva” era mi mantra en cada momento que me mantenía pegado al compacto.

No me detuve ahí, y quise tener más canciones del mismo género. Después incursione con los que se consideraban el parte aguas del psytrance: S.U.N Project, Infected Mushroom, GMS, Hallucinogen, Nomad, Deedrah, Talamasca, Alien Project, Skazi, Hux Flux entre muchos otros. Curiosamente, conforme iba escuchándolos me daba cuenta que cada vez ponían más elementos en sus canciones con más sampleos, más ácidos y menos sonidos hipnóticos, precisamente el sonido ya se convertía en un continuo acelere en donde no había espacio para la calma. Skazi en sus inicios me encantaba con sus ácidos que te hacían imaginar que estabas en una sala de cine mientras las voces que ponía en su música te hacían viajar precisamente a donde él quería que fueras (que mejor ejemplo que su rola “Animal”), ahora son puros sonidos estridentes con guitarras eléctricas y sampleos rebuscados y sin imaginación que solo te mantienen al borde del cansancio. GMS por el otro lado, empezó con unos sonidos oscuros pero fáciles de digerir, mientras que sus sampleos de películas de culto le daban ese toque único y exquisito en donde te sumergías en su música y nada más importaba, hoy en día su música se ha ido por nuevos rumbos y ya se convirtió en la mezcla de las mezclas donde su canción más conocida: “requiem for a dream” se toca en cualquier evento.

Para hablar del psy trance se necesita hablar de un estilo de música que ha venido dándose durante las últimas dos décadas empezando con los sonidos ácidos del house, el tribal, el electro y el rock ácido. Si bien su gran florecimiento se dio en la isla de Goa en la India donde muchos de los refugiados hippies incursionaron metiéndole sonidos que llegaban de otras partes del mundo (sobre todo de Ibiza, países de Europa y después en Israel), su estilo terminó por crear una fusión entre la melodía, la armonía y los estrepitosos sonidos que mezclaban distintas corrientes de música que fue albergando su sello particular, todas aunadas por un sentido de ambiente místico que transmitiera algo a quien lo escuchara. Hoy en día hablar del psy trance (que su verdadero nombre es Goa-trance) es también hablar de los primeros exponentes famosos y el cual se ha mantenido después de tantos años como “el padre del goa” que es Goa gil, sin embargo muchos otros que con el tiempo fueron desarrollando estilos más sofisticados y mayor contenido sonoro se fueron quedando rezagados y solo se fueron quedando en el gusto del público aquellos que incorporaron elementos comunes de la gran parafernalia que hoy se conoce como psycho. En mi opinión cabría destacar los aportes de Shiva Shidapu (después se convertiría uno de ellos en el dúo de Infected mushroom), Astral Projection, Shiva Chandra, Sphoogle, Psycraft, Hallucinogen, Saiko Pod, Cosmosis, Nomad, Space Tribe, Dark Soho entre muchos otros.

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Un factor importante en toda la escena goa-trance ha sido precisamente el uso de drogas como el ácido lisérgico, la marihuana y aquellas que tienen un carácter místico y ritual como el peyote, la ayahuasca, los hongos y la mezcalina. Que la intención ha sido combinar estas sustancias junto con el Baile, la Música, el goce y el contacto con la naturaleza para crear nuevos estados de conciencia así como retomar los valores de culturas milenarias que estaban en contacto con su entorno y con la sabiduría de la vida.

A todo esto, después de 10 años de conocer el movimiento y la escena psytrance, ¿qué fue lo que ha cambiado al menos aquí en México a diferencia de otras partes del mundo? ¿Porqué llegó el psytrance con tanta fuerza a nuestro país? Y la pregunta más importante ¿Porqué se hizo una moda? El psycho se convirtió en una música comercial que perdió su significado en el camino convirtiéndose en música de relleno para las masas que solo buscaban una forma más de sacar sus pesares y liberarse del tedio mientras iban a los raves y se drogaban con cualquier basura artificial sin que nadie los molestara. No les importaba la música, no les importaba la convivencia, no les importaba el lugar, solo la diversión, el éxtasis y ver que beneficio podían sacar de ahí. El éxtasis, la adrenalina, la euforia y aquellos elementos que sólo eran una parte del todo en la escena psytrance se convirtieron precisamente en el todo, ya no existían altos ni bajos, no había matices, no había cambios, puro alto, nada de descanso, nada de meditación, de goce espiritual. Las drogas, los problemas que venían de afuera y la falta de conocer realmente el sentido de la música se desvirtuó en un género más para la gente que quería pasarla bien un rato.

Hoy en día ni siquiera se puede hablar de una cultura en general con los principios que el Goa pretendía adoptar. El  P.L.U.R se ha tergiversado en una frase cotidiana donde todos la usan y nadie la practica, mucho menos la entienden, ¿y cómo no era de esperarse esto si al ver esta explosión de sonidos únicos y una propuesta innovadora que contenía elementos valiosos para la juventud llegó de golpe sin siquiera esperarlo y no se pudo rescatar una mínima parte de la esencia de lo que la misma propuesta nos ofrecía? Los raves se convirtieron en un estadio de desventuras donde las escenas más enfermizas y los seres más viscerales se juntaban no con la intención de escuchar la música, sino para robar, mal vibrar y afectar el entorno que se les había proporcionado, la basura la dejaban ahí, las drogas de la peor de la calidad, el saqueo de casas de campaña, de tiendas, y hasta de la decoración. La extorsión no solo de los que asistían al evento sino también de los mismos que lo organizaban, la escena se había deformado en un monstruo peor que el que se trataba de atacar.

¿Y la música? Bueno, aquí era lo más lamentable, el estilo que una vez surgió como algo puro, nuevo y hermoso, degeneró en nuevas corrientes cada vez más agresivas que iniciaron con el Full on, decantando en el Dark psy (lado oscuro), psy metal, killer y géneros que ya habían olvidado el sentido de la misticidad de los ácidos. Puro beat que oscilaba entre los 145 y los 180 (llegué a ir a un rave en donde los idiotas que ponían la música subieron la velocidad de las canciones a más de 200 beats por minuto). El rave se convirtió en un espectáculo rentable, los djs  se convirtieron en estrellas de rock; ya nadie los escuchaba, solo les tomaban fotos, videos y gritar eufóricamente por una canción que ni escuchaban y solo se permitían sentir el golpe repetitivo por debajo de sus pies una y otra vez.  Lo peor salió al escuchar las nuevas mezclas donde ya no había límites para el absurdo, mezclar sonidos de canciones tontas, de programas de televisión, de caricaturas, de frases populares, de todo, se había perdido el respeto tanto de quienes escuchaban como de quienes componían. Era una lástima saber que se había perdido la música en un abismo del cual nos llegaba la peor basura de todos los países, mientras los djs y representantes de la escena psytrance se jactaban de nuestros oídos inmaduros y venían a darnos un show anticuado con lo peor de sus performances y donde ya no exigíamos nada al dj, mientras la rola corriera no importaba si era playback, dj set o live act. Incluso de primeras fuentes comentaban que ya ni siquiera creaban sus sets, ponían el compacto y lo dejaban correr mientras lo único que hacían era jugar con la ecualización de la canción y meterle uno que otro efecto de eco.

México se convirtió en el experimento de la psycho. Por el otro lado, la falta de credibilidad en la escena hizo que perdiera adeptos exigentes y por lo mismo se fue creando una cultura en contra de la misma, donde ya hoy en día en la mayoría de las fiestas queda prohibido tocar el psy trance. Un punto importante que vale la pena rescatar es cuando vino una ola de artículos y estilos provenientes de la moda psytrance (del cual admito fui parte), pulseras, playeras, colores, stickers, palabras, tiendas, muñecos, videos, ropa y todo un conglomerado de cosas para los ravers.

 
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