Organiza tu información
Cuando compramos un equipo, generalmente el sistema ya viene instalado, de tal forma que cuando abrimos la caja, sacamos e instalamos el equipo, tan solo encenderlo tengamos la llamda OoBE (Out of Box Experience, Experiencia de desempaquetado). Esta experiencia es un proceso diseñado para que el usuario tenga una primera impresión positiva, y en gran medida, sea tan sencilla de usar como beneficiosa. Sin embargo, todos sabemos que el sistema, tarde o temprano, fallará. Entonces, el respaldo de nuestros archivos (que en la inmensa mayoría de los casos se encontrará en el famoso contenedor de “Mis documentos”, o en la carpeta de usuario de Vista; o inclusive en el home del usuario en GNU/Linux) se vuelve una tarea engorrosa, a menos claro que tomemos las previsiones necesarias para evitar estar moviendo los datos a discos compactos, DVD’s o discos duros externos.
Primero que nada, la recomendación más lógica sería utilizar nuestro contenedor favorito utilizando vínculos a una partición secundaria, para evitar que tengamos una penosa experiencia cuando estamos recuperando, o reinstalando por completo, el sistema en cuestión.
Desgraciadamente, todos los fabricantes de computadoras no toman esto en cuenta. Peor aun, nos condenan a tener una partición de arranque que ocupa la inmensa mayoría del espacio del disco duro (el restante se utiliza únicamente para la imágen de restauración del sistema). Afortunadamente, sobre todo debido a este último punto, tendremos a nuestro favor que podremos crear discos de recuperación, lo que nos permite la flexibilidad de particionar nuestro disco duro a nuestro antojo. Solo hace falta entender las bases, crear nuestras imágenes de recuperación (en el caso de Vista y XP, los fabricantes proveen imágenes previamente cargadas en el disco duro), y entonces sí, ponernos manos a la obra a reorganizar nuestra información.El primer paso a seguir será, entonces, crear nuestros discos de recuperación, según qué herramientas nos entregue el fabricante de nuestro equipo. En caso de no contar con ninguna, tendremos que hacer el apaño de buscar alguna solución, de paga o de código libre. En lo personal, he usado mucho tiempo el Norton Ghost, que ha sido el software por excelencia para el clonado de particiones. Sin embargo, le estoy dando su oportunidad a Clonezilla (en cuanto me las apañe para hacer unas capturas y un manual, me daré a la tarea de ponerlo en el blog). Clonezilla tiene una edición en formato Live-*, es decir, podemos usarlo en una FlashUSB, un LiveCD, o en un servidor PXE. Una vez que hayamos creado el o los discos de recuperación, procederemos al particionado y formateo de nuestro disco duro.
Para particionar, encontramos una vasta colección de software. De paga, Paragon Partition Manager es uno de mis favoritos, si no el campeón. Tiene la pega de ser para Windows (en el Hiren’s Boot CD de turno encontraremos una solución live-cd, con el inconveniente de no tener soporte para todo el hardware). Así que, si somos un poco más manitas y no le tenemos mucho miedo a Linux (que tiene unas interfaces gráficas excelentes, así que mucho pretexto no hay), podremos descargarnos una de las distribuciones de recuperación de datos o forenses, tales como Parted Magic y Recovery is Possible, entre otras. En el caso de los principiantes, recomiendo Parted Magic, dada su interfaz y sencillez para encontrar cada herramienta sin preguntar mucho. Además, contar con estas distribuciones nos ahorrará mucho trabajo, ya que cuando tengamos que mover datos entre particiones de un equipo que se niega a arrancar, no necesitaremos más de lo que ya viene preinstalado en dichos entornos. En Linux, mi herramienta preferida (por su cuidada Interfaz Gráfica de Usuario), es GParted. GParted nos permitirá usar una interfaz muy similar a la de las soluciones basadas en Windows.
(De aquí en adelante, supondremos que el usuario trabajará en un entorno Windows, para los linuxeros, pueden googlear un poco acerca de montar una partición distinta para guardar el /home de sus usuarios).
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Ahora, es importante saber qué clase de partición y sistema de archivos hemos de seleccionar. En la partición de arranque, la que cargará el sistema operativo, el tipo de partición debería ser primaria. Además, tendremos que especificar que es la que contendrá boot sector, ya que podremos tener varias particiones del mismo tipo, y solo una podrá arrancar. A esta partición se le conoce como “activa”, así que, según tal o cual herramienta, tendremos que seleccionar dicha opción una vez que estemos creando las particiones.
Para la o las particiones de archivos, primero tendremos que usar una partición de tipo extendida, que será el contenedor donde podremos alojar las unidades (particiones) lógicas que pudiéramos necesitar. Una partición extendida es la única que podrá contener volúmenes, es decir “unidades” del tipo D: o E:. Es preferible optar por tener solamente una partición primaria y una extendida con los volúmenes necesarios, por cuestiones de compatibilidad “para atrás”. Es decir, Windows 95/98/me no puede lidiar de igual forma con varias particiones primarias, como lo hacemos con Windows NT/XP/Vista/7.
Digamos, por ejemplo, que utilizaremos tres volúmenes: uno para el sistema, otro para el trabajo, y finalmente otro para las descargas y la música. Tendremos que, hacemos una partición primaria (con espacio suficiente para sistema y programas), una extendida, y dentro de la extendida, dos particiones lógicas, una para el trabajo, y otra para el resto de nuestros archivos.
Finalmente, eligiremos nuestro sistema de archivos. El sistema de archivos es el “formato” de nuestro disco. En Windows nos enfocaremos en FAT32 y NTFS.
FAT32 es un sistema de archivos que permite utilizar particiones de tamaños mayores a 2GB (por supuesto que puede lidiar con particiones más pequeñas, pero en el caso de las flash USB, por ejemplo, se desaconseja utilizarlo), con un tamaño máximo de 4GB. Esta es una limitación de diseño, que no explicaré muy ampliamente, pero que hace que si queremos “ripear” una película, tengamos que partirla en pedazos de, digamos, uno o dos GB. La ventaja es que FAT32 es 100% compatible ya con otros sistemas operativos (Linux, FreeBSD, MacOSX, etc.), por lo que si queremos tener otros sistemas operativos coexistiendo con Windows y es vital para nosotros compartir información entre ellos, es básico contar con al menos un volúmen formateado con FAT32.
NTFS, por el otro lado, es un sistema que permite más seguridad en los datos, además de poder mantener un significativo ahorro en espacio, ya que permite compresión por hardware. Además, permite archivos máximos (teóricos de momento) de hasta 16 TB.
Aquí, según necesidades, es cuestión que cada usuario estime sus propias necesidades. Eso sí, en los sistemas operativos actuales es muy posible que el sistema no arranque si cambiamos de formato, por lo que si nuestro Windows venía en un volúmen NTFS, sería buena idea que utilizáramos siempre en la partición primara un formateo NTFS.
Después de formatear, utilizaremos nuestro live-cd con nuestros discos de respaldo que creamos, para restaurar la copia de seguridad. Esto dejará el sistema operativo listo para ser utilizado.
Una vez restaurada la copia de seguridad, según hayamos decidido utilizar nuestro disco, comenzaremos a ordenar, en la medida de lo posible, nuestros archivos. ¿Para qué liarse con malas organizaciones, si podemos hacer cuantas carpetas nos plazcan? Es una buena idea crear una estructura de directorios que haga predecible encontrar en cualquier momento cualquier archivo, y apegarse a dicha organización. Verán que es un poco engorroso al principio, pero en el mediano plazo lo agradecerán.
Por último: siempre respalden. Aproximadamente un 31% de los discos duros nuevos fallarán durante su vida útil. Esto es una altísima estadística y no se ve que vaya a revertirse, debido a una infinidad de causas. Dado que ningún soporte es 100% fiable, recomiendo que sean tan cuidadosos como su presupuesto se los permita. DVD’s, Discos Extraíbles, Discos Externos… pero nunca solo una copia de seguridad. Sobre todo de trabajo. Hagan un respaldo periódicamente de sus archivos más importantes, y una copia eventual de aquellos que no son tan importantes. Es mejor “llenarse” de respaldos que después estar llorando porque perdieron valiosas horas de trabajo. Y la recuperación de datos, cuesta un dineral.









