Hoy voy a dejar de lado la tecnología, el diseño, la política y otras cosillas que acostumbro postear. Hoy voy a darle un vuelco a la memoria y a permitirme sacar a flote lo cursi, lo rosado que puedo llegar a ser cuando me lo propongo.

Recuerdo, por ejemplo, cuando hace unos tres o cuatro años (digo, no tengo tan buena memoria) salía con otra persona, antes de casarme y sentar cabeza (demasiado joven, lo he llegado a admitir), y escribía unos poemas de miedo. El que crea que la poesía es solo para hablar de amor, les dejo una canción en contra de una dictadura: Ojalá, de Silvio Rodríguez está escrita en contra de Augusto Pinochet, y no contra un amor dolido. En fin y siguiendo con lo que decía: hace unos años todavía tenía el hábito de coger la pluma y un block que he vuelto a encontrar (sin las hojas, que están guardadas en un cajón todavía) y me salía a tomar un café a solas y poner en las páginas del ya desgastado block mis ideas.

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Por entonces, también, quería escibir una novela, pero lo más que he logrado hacer es redactar algunos cuentos, una narrativa y poca cosa más.

La memoria… valiosa aliada o terrible consejera, ha venido a visitarme en estos días para echarme en cara que ya no soy aquel soñador con alas de nubes que solía ser. Que me he vuelto huraño y gruñon, nervioso, hosco y descuidado. Que soy el que no era. Y que es tiempo de volver a ser el que soy,

El que me entienda, gracias por seguirme. El que no entienda, gracias por participar.

 
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