El momento de mi arrepentimiento.
Me vine a dar cuenta que mi gasto de hace poco en compra de licencias fue en vano. Bueno… solo debí comprar windows para cuando tenga dinero de comprar mi sistema de bordado, pero eso era todo. ¿Por qué?
Todo comenzó en el cyber de mi hermano. Tiene una computadora (una solita) que tiene un disco duro de tecnología S-ATA, que no es sino un disco que se conecta distinto y, por lo mismo, tiene algunos problemas con los sistemas operativos windows. Al momento de instalarle windows xp (2000, 2003 server) tuvimos un VERDADERO inconveniente: se congelaba la máquina sin más.
Nada, estuvo la máquina como quince días sin ser usada. Entre tanto llegaron unos discos que había pedido hace unas tres o cuatro semanas (tan rápido pero tan lento que hasta se me había olvidado: la primera vez que me mandaron esos discos de una versión más vieja tardaron como tres o cuatro meses) y probé la máquina. Esos discos no son de otra cosa que un fulano llamado linux y apellidado ubuntu.
Efectivamente: probé a ser distinto. Si son de los que tienen la idea de tener programas para todo lo habido y por haber, no se preocupen: encontré casi todo lo que uso (navegador, suite de oficina, programas de diseño vectorial, programas de diseño en mapa de bits, programas para creación de páginas web WYSIWYG (what you see is what you get, lo que ves es lo que hay), entre otras cosas bastante lindas.
Pensé que iba a tener problemas con mis archivos de Corel o Illustrator. Más o menos tenía razón: mi principal problema es que no podía abrirlos directamente, pero una vez exportados a SVG (un standard del W3 Consortium)ya no tuve mayor problema. Igual con los archivos PSD de Photoshop.
Como últimamente me he metido a trabajar un proyecto de un libro de una profesora de matemáticas, igual busqué programas como el MathCAD, el Matematica y otros de la misma especie. Me llevé la agradable sorpresa de que había un programa para cada cosa que buscaba.
Y esto no es lo interesante. Lo interesante tampoco es el precio, sino algo que les voy a platicar. (Que conste que ya sabía esto, pero no sabía los alcances que estas tecnologías habían logrado desde 1998 que instalé mi primera copia de Linux y que vale decir que era totalmente distinta, a la distribución que instalé apenas hace unos días).
Si tienes una computadora (con software legal o no), te recomiendo que leas tus licencias. Si no lo sabías, existen unos apartados referentes a la copia, modificación y distribución. Este es el rollo que conocemos como violaciones a las leyes de la propiedad intelectual, delitos tecnológicos entre otras cosas hermosas que sueltan en la TV. La mayor parte del software, y podemos leer que todo el software comercial, restringe la “copia, reproducción, modificación y distribución” del software que se trate, a menos de contar con el permiso por escrito en específico para cada usuario (que jamás nos darán, por cierto), de parte del “editor” (parte bastante cachonda que en un rato ya les contaré).
Bueno. Linux y todo el software que probé PERMITE A CUALQUIER USUARIO la modificación… bueno, todo eso que les comenté, cumpliendo los siguientes requisitos:
- En caso de modificar, deberá entregar el código fuente (lo que escribe el programador para que un programa exista) a toda la comunidad y dar las facilidades para obtenerlo.
- Siempre se mantendrá el mismo esquema de licenciamiento al trabajo derivado (esto es, el trabajo original modificado).
- No se deberá patentar la tecnología, sino que será de carácter libre.
Claro que todo eso tiene algunas variantes, pero en general de eso se trata.
A cambio, cualquier usuario puede vender, rentar, regalar, prestar, quemar, duplicar, subir a su página/servidor de internet, dársela a su perro para que se la coma… bueno, prácticamente cualquier cosa con la “obra” (en este caso no se maneja el término editor, por lo que se deja de considerar una obra, más bien pasa a ser una herramienta y por añadidura, una tecnología) sin decirle al autor nada. De hecho, en el momento que uno modifica el fuente y lo devuelve a la comunidad, uno es un autor, pero nunca (o casi nunca) nos enteraremos de quién puede hacer y deshacer con nuestro trabajo.
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El meollo del asunto es algo que se llama libertad. Libertad para mejorarlo, estudiarlo, o lo que sea que se quiera hacer con esto. De hecho, si cualquier pirata que viva de duplicar programas comerciales duplicara solo programas libres, no solo no cometería un delito, sino que apoyaría este esquema que muy pocos conocen del software.
Ahora, la parte cachonda:
Dicen los fabricantes de software que son editores. Según el uso (y quizá la definición, yo no lo se todo, ni lo quiero saber), un editor PUBLICA una obra artística (el arte no se puede medir, excepto en páginas o duración de tiempo, o litros de tinta que se usaron para pintar, etc.) ya sea musical, literaria, plástica (que nunca he sabido de un caso como este) entre otras. Esto de publica trae en el nombre la penitencia. Aquí si vale la etimología, o por lo menos el origen de las palabras, y de publicar no viene sino de público, esto es: hacer pública determinada cosa.
En este punto empieza el cachondeo (que el tribunal de EE.UU. determinó erroneamente hace no muchos ayeres): cuando un fabricante de software (Wilcom o Microsoft) licencía (sí: nunca venden) un programa a un usuario, el código original permanece en un oscuro rincón de una bóveda de seguridad de la compañía o (en el menos paranóico de los casos) en un cajón del escritorio del dueño o socio principal de la compañía. En otras palabras, jamás publican NADA. Simplemente nos “prestan” el software por un tiempo determinado o indeterminado, para que podamos utilizar sus funciones. Esto viene no porque así haya sido siempre: el introductór del término LICENCIA al mercado de las computadoras fue ni más ni menos que Bill Gates (entre otros, claro está, pero el más visible y el que más se aprovechó de esto). Si me licencían algo… entonces no es algo público. Tomemos por ejemplo los pagos por licencia de construcción, uso de suelo, en México y solo en México la tenencia vehicular (te licencío el derecho de tener coche), y por supuesto, la licencia de conducir. Nada de eso es público. Nada de eso es arte: todo eso es, básicamente, un impuesto. El software comercial cobra impuesto.
Pero bueno… lo que sigue es todavía mejor. Los fabricantes de software están amenazando mediáticamente a todo aquel ciudadano (americano) responsable si es precursor del software libre. La alianza de empresas del sofrware (BSA, en sus siglas anglosajonas), se valen del espíritu americano para amenazar a sus ciudadanos, amén de los republicanos de ultraderecha que compran conflictos sin tener bandera… Y esto ha sido el colmo:
Una republicana (http://www.shelleytherepublican.com) ha escrito un texto que se llama “Linux: El Cáncer de América”. En el hace gala de su ignorancia tecnológica. Comienza diciendo que Linux fue un proyecto para evadir la ley de Copyright en favor de una empresa llamada SCO Group. Bueno… la historia indica que, cuando SCO apenas era creada, Linux YA ERA un sistema operativo. Además, Linux no se basó en el trabajo de SCO, sino buscaba crear un sistema muy similar (y tanto que lo ha logrado) al UNIX de AT&T (cuando todavía era su propiedad y ya habían perdido el juicio contra BSD, de la Universidad de Berkeley, California, EE. UU.
Y bueno… el costo realmente te asombrará. Sin contar la electricidad (que de cualquier forma me iba a gastar) ni el internet (atentos a esto, creo que obtendremos cuanto necesitemos), no me costó NADA.
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Si tienes banda ancha, eres defeño y propeje, aquí está algo de lo que FECAL no habla.









